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La obsesión irresistible del CEO romance Capítulo 3

POV Gianna

—¡¿Despedida?! ¡Eso no puede ser! ¡No hice nada malo! ¿Cuál es el motivo de mi despido?

Mi propia voz me sonó ajena, demasiado alta, demasiado desesperada, como si no fuera yo quien hablaba, sino alguien al borde del abismo.

Sentí el corazón golpeándome con fuerza contra el pecho, como si quisiera escapar, y un vacío helado comenzó a abrirse paso dentro de mí.

Ese trabajo… lo era todo. No era solo un sueldo perfecto, era estabilidad, era futuro… era la única forma de mantener a mi hermano con vida.

Me había matado por conseguirlo.

Había sacrificado horas, sueño, incluso mi propia salud. Y ahora, en cuestión de segundos, todo se desmoronaba frente a mí.

—Lo siento, Gianna… no sé qué pasó, en realidad… —la gerente titubeó, evitando mi mirada por un instante, como si también le costara decirlo—. Gianna, la orden viene de muy arriba. Es el jefe… el señor Dixon pidió tu baja.

Mis ojos se abrieron de golpe. El mundo pareció inclinarse.

Un zumbido llenó mis oídos y, por un momento, creí que iba a desmayarme. Sentí cómo mis manos comenzaban a temblar sin control, cómo el aire se volvía pesado, difícil de respirar.

La gerente lo notó de inmediato.

—Tranquila… siéntate —dijo, acercándome un vaso con agua.

Lo tomé con manos inestables. Apenas logré dar un pequeño sorbo antes de que mi garganta se cerrara. Mis ojos comenzaron a arder, y no tardaron en llenarse de lágrimas.

—Es que… —mi voz se rompió—. ¡No hice nada malo! Necesito este trabajo… lo sabes… lo sabes muy bien.

Ella suspiró, y entonces tomó mis manos con suavidad, intentando transmitirme algo de consuelo.

—Lo sé… créeme que lo sé —respondió con sinceridad—. Hice lo que pude… al menos logré que te mantuvieran en el seguro médico por un mes más.

Un mes. ¿De qué servía un mes cuando mi hermano luchaba contra el cáncer como si cada día fuera el último?

Una lágrima se escapó sin permiso y rodó por mi mejilla. La limpié con rapidez, pero no sirvió de nada.

Ya no podía contener lo que sentía.

Ella sacó una hoja y la colocó frente a mí.

—Te ofrecieron una liquidación tres veces mayor a la que te corresponde como compensación… —explicó—. Y yo misma voy a recomendarte en otras empresas, Gianna. No estás sola.

Bajé la mirada. El número estaba ahí, claro, tentador incluso para cualquiera que no estuviera en mi situación.

Pero para mí… Era una miseria.

Una cantidad que, en otras circunstancias, habría celebrado… pero que ahora no era suficiente ni para comprar tranquilidad, ni para comprar tiempo, ni para comprar la vida de mi hermano.

Sentí una punzada en el pecho.

Pero esa tristeza… no se quedó sola. La rabia llegó después.

Silenciosa al inicio, pero creciendo con fuerza, como una llama que no podía apagar.

Apreté los labios, tomé la pluma y firmé.

—¿Puedes depositarlo ya mismo? —pregunté, con una frialdad que ni yo reconocí.

Ella asintió.

—Claro.

No pasó mucho tiempo antes de que mi celular vibrara. El dinero ya estaba en mi cuenta.

No dudé. Abrí la aplicación bancaria y transferí todo a otra cuenta en cuestión de segundos.

Capítulo: Ante mi verdugo 1

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