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La obsesión irresistible del CEO romance Capítulo 6

POV Gianna

—¿Se conocen? —preguntó Ignacio.

Sentí cómo mi cuerpo se tensaba apenas, una reacción casi imperceptible, pero inevitable.

Antes de que pudiera responder, él lo hizo por mí.

—Soy su… exjefe —dijo con calma, con esa voz grave que parecía deslizarse como una sombra—. ¿No se lo contó, señorita Gianna?

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

Ignacio giró hacia mí, buscando confirmación, y yo forcé una sonrisa que no alcanzó a tocar mis ojos.

—Sí… mi exjefe —respondí, intentando que sonara natural, aunque por dentro sentía que algo no estaba bien.

Entonces lo sentí. Su mirada sobre mí.

Kyllian Dixon sostenía un vaso de whisky, observándome con una intensidad que me resultaba incómoda.

—Señor Ignacio —continuó, sin apartar los ojos de mí—. ¿Por qué no viene conmigo y hablamos de negocios reales? Dejemos a las damas disfrutar la noche.

Ignacio sonrió, algo tenso, pero aceptó.

—Claro.

Los vi alejarse juntos, caminando hacia un rincón más apartado del lugar, y no supe explicar por qué, pero una sensación de inquietud comenzó a crecer dentro de mí, como una alarma silenciosa que no lograba ignorar.

Algo no estaba bien.

Me quedé observándolos desde la distancia.

Al principio, la conversación parecía normal, pero poco a poco noté cambios en la expresión de Ignacio, en la rigidez de su postura, en la forma en que sus manos comenzaron a cerrarse en puños, en cómo las venas de su cuello se marcaban con tensión.

Parecía molesto. Frustrado. Incluso… enfadado.

Pero luego, de repente, se calmó. Demasiado rápido.

Como si algo lo hubiera obligado a hacerlo.

En contraste, Kyllian permanecía sereno e imperturbable.

Con esa sonrisa ligera, casi fría, como si nada pudiera afectarlo, como si tuviera el control absoluto de la situación.

Y eso me inquietó más.

Cuando finalmente terminaron de hablar, Ignacio regresó hacia mí, pero ya no era el mismo.

Su expresión estaba cargada.

Sus ojos oscuros.

—Nos vamos —dijo sin más.

No fue una sugerencia. Fue una orden.

Tomó mi mano con firmeza, casi arrastrándome fuera del lugar sin darme tiempo a reaccionar, y Ana apenas logró seguirnos.

El aire frío del estacionamiento me golpeó el rostro, pero no logró disipar la tensión que sentía.

Subimos al auto. El silencio fue inmediato.

—¿Qué pasa, Ignacio? —pregunté, girándome hacia él—. ¿Te dijo algo mi exjefe?

Su mirada se cruzó con la mía por un segundo. Intensa. Pero negó.

—No es nada.

Arrancó el auto.

Y no volvió a decir una palabra.

El trayecto se volvió pesado, incómodo, como si las palabras se hubieran quedado atrapadas entre nosotros sin poder salir, y por más que intenté entender lo que había pasado, no encontré respuestas.

Solo ese silencio. Llegamos primero a mi edificio.

El auto se detuvo.

Ignacio se inclinó y besó mi frente, un gesto que antes me habría parecido tierno, pero que ahora se sentía distante.

—Descansa —dijo.

Asentí. Bajé del auto.

Y los vi irse.

Subí a mi departamento con una sensación extraña, como si algo invisible se hubiera instalado dentro de mí, una inquietud que no sabía nombrar, pero que no podía ignorar.

Entré a mi habitación y me dejé caer en la cama.

Mi corazón latía raro, como si estuviera anticipando algo. Pero no sabía qué.

***

Al día siguiente desperté, mi teléfono sonó, era Ignacio.

—Hola —respondí.

—Voy a verte —dijo, con una energía completamente distinta a la de la noche anterior—. Tengo muy buenas noticias, cariño, pero necesito tu ayuda.

Fruncí el ceño, confundida por el cambio.

Capítulo: Volvernos a ver 1

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