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La obsesión irresistible del CEO romance Capítulo 5

POV Gianna.

Me sacaron de la empresa casi a empujones.

Cuando por fin me soltaron, sentí cómo el aire regresaba a mis pulmones en un suspiro largo, pesado, cargado de frustración. Tenía las manos temblorosas y el pecho apretado, como si algo dentro de mí estuviera a punto de romperse.

Caminé hasta mi auto sin mirar atrás. No quería ver a nadie, no quería escuchar nada más. Solo necesitaba escapar.

Subí, cerré la puerta con más fuerza de la necesaria y me quedé unos segundos inmóvil, con las manos sobre el volante. Intenté ordenar mis pensamientos, pero todos llevaban al mismo lugar… a él.

Kyllian Dixon.

Su nombre resonaba en mi cabeza como un eco incómodo. Apreté los labios, sintiendo una mezcla de enojo y desconcierto.

¿Por qué había actuado así conmigo?

¿Por qué me había tocado de esa manera?

No lo entendía. Y lo peor era que, aunque me enfurecía recordarlo, también me desestabilizaba más de lo que quería admitir.

Negué con la cabeza, molesta conmigo misma, y encendí el auto.

Conduje directo a casa, aferrándome a la idea de que, al cruzar esa puerta, todo volvería a la normalidad.

Pero no fue así.

Apenas entré, me encerré en mi habitación. El silencio me envolvió de inmediato, pesado, casi sofocante. Me dejé caer en la cama y por un momento consideré rendirme… llorar, quedarme ahí sin hacer nada, dejar que todo me aplastara.

Pero no. No podía permitírmelo.

Cerré los ojos con fuerza y respiré hondo. No era solo yo. Era mi hermanito. Él dependía de mí, de que me mantuviera firme, de que no me derrumbara.

—No voy a caer —murmuré para mí misma.

Me levanté con decisión, tomé mi laptop y me senté en la cama. Abrí mi correo, mi carpeta de documentos… mi currículum. Y comencé.

Empresa tras empresa. Correo tras correo.

Envié solicitudes sin parar, con la esperanza de que al menos una respondiera.

Mis dedos se movían rápido sobre el teclado, como si en cada envío fuera mi futuro lo que estaba en juego.

Porque lo estaba.

Pasó un rato. No sé cuánto exactamente. El tiempo se volvió borroso hasta que el sonido de las notificaciones empezó a romper el silencio.

Al principio sentí un pequeño alivio.

Respuestas. Pero ese alivio no duró.

Abrí el primer mensaje… luego otro… y otro más. Mi estómago se hundió.

Las palabras eran distintas, pero el mensaje era el mismo.

Rechazo. Negativa. Imposible considerar mi perfil.

Fruncí el ceño, confundida, y abrí otro correo. Luego otro. Y otro más.

Hasta que lo entendí. No era coincidencia.

Sentí que la sangre se me iba del rostro.

¡Estaba vetada!

Un escalofrío me recorrió el cuerpo y me levanté de golpe, llevándome una mano a la boca.

Corrí al baño apenas a tiempo antes de inclinarme sobre el lavabo, sintiendo náuseas.

La rabia llegó después.

—¡Maldito! —espeté, apretando los puños.

Sabía perfectamente quién era el responsable: Mi exjefe.

Ese hombre había arruinado mi reputación. Me había cerrado puertas… todas las puertas.

Apoyé las manos en el lavabo, respirando con dificultad, sintiendo cómo la impotencia me quemaba por dentro.

¿Cómo iba a salir de esto?

Esa noche, con el corazón todavía apretado, llamé a Ignacio. Necesitaba escuchar una voz que no estuviera cargada de rechazo o desprecio.

Cuando contestó, apenas pude contenerme.

Le conté todo, excepto sobre el beso, era demasiado vergonzoso.

Mi voz se quebró más de una vez, y odié lo vulnerable que sonaba, pero ya no podía sostenerlo sola.

—¡Cariño, no puede ser! Qué mal… —dijo, su tono cargado de aparente preocupación—. Cálmate, iré por ti. Vamos a encontrar una solución, tú y yo juntos.

Cerré los ojos al escucharlo.

Capítulo: Nos volvemos a encontrar 1

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