Fue por haber estado expuesta a la nieve y al hielo que su cuerpo no resistió y le dio fiebre. Una vez que la temperatura bajó, las heridas superficiales ya no representaban mayor problema.
—Llegan en el momento perfecto.
En ese instante, una mujer de apariencia impecable y de una elegancia innata salió de la casa. Lo único que desentonaba un poco con su aura refinada era el delantal que llevaba puesto.
—¿Tía Diana?— Valentina se sorprendió de verla en la casa.
Desde que Valentina se había mudado de la Mansión Correa, casi no la había vuelto a ver.
Diana se acercó y sostuvo el otro brazo de la Matriarca Correa. —Hice sopa, quiero que usted y Valentina tomen un poco.
La Matriarca sonrió. —Qué considerada eres.
Luego se dirigió a Valentina: —Desde que mi salud decayó, Diana viene a visitarme cada dos por tres para prepararme sopa y platillos deliciosos. Es muy noble de su parte tener ese nivel de devoción, mucho más útil que ese inútil de ese hijo mío, que solo piensa en viajar por el extranjero.
—Mamá, por favor, no diga eso. Es mi deber cuidarla. Vamos, entremos a la casa.
Sentada a la mesa del comedor, Valentina recibió el tazón de caldo humeante que Diana le ofreció. —Gracias, tía Diana.
Dio un sorbo. El caldo tenía un aroma denso y reconfortante; cerró los ojos, satisfecha. —Está delicioso, su sazón sigue siendo insuperable.
—Si te gusta, toma un poco más. Mi suegra dijo que quería que vinieras a pasar unos días para recuperarte, y yo justo pensaba que necesitabas alimentarte bien. Me quedaré aquí estos días para cuidarlas a las dos.
Valentina asintió con una sonrisa.
Diana le acarició el cabello, mirándola con ternura en los ojos. —Cuando sonríes, te pareces tanto a tu madre.
Valentina siguió tomando su sopa en silencio, sintiendo cómo el calor le picaba en los ojos.
Ya tarde en la noche, justo cuando Valentina se disponía a dormir, Arturo le envió un mensaje.
[Señorita Vargas, ya me comuniqué con el entrenador. ¿Desea que le envíe su contacto?]
—Toma. Como no tenía nada que hacer en las vacaciones, subí al Cerro del Santuario. Me insistieron en darme este amuleto de protección, te lo regalo.
Valentina lo atrapó en el aire con ambas manos. Al escuchar que era un amuleto del Cerro del Santuario, sabía que ni siquiera yendo expresamente a buscarlo era garantía de conseguir uno.
Durante su estancia en el hospital, varios colegas del departamento habían ido a visitarla, pero Sofía no lo hizo.
Lanzó una mirada llena de segundas intenciones hacia Sofía. —¿Por qué eres tan buena conmigo? ¿No será que estás enamorada de mí, Sofi?—
—¡Estás loca! ¡Si no lo quieres, dámelo!
exclamó Sofía, poniéndose roja hasta las orejas, y se abalanzó hacia ella, en un acto casi reflejo, para arrebatárselo.
Valentina rápidamente levantó el dobladillo de su camisa y escondió el amuleto dentro.
—¡Valentina!— En ese momento, el compañero encargado de la edición se acercó con expresión agotada. —El video de la entrevista que le hiciste al señor Correa... lo ha rechazado. Pide que hagamos la entrevista de nuevo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Habrá acrualizacion.....