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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 197

Pero antes de que pudiera desviar la vista, de reojo notó movimiento. Un majestuoso y amenazante Bentley negro se aproximaba a la entrada principal del puerto.

El cuerpo entero de Valentina se tensó y retiró su mirada de inmediato.

Una vez dentro del crucero, la potente calefacción ahuyentó el frío invernal, pero el corazón de Valentina seguía retumbando con fuerza en su pecho.

Afuera, en el muelle, el viento cortaba como navaja.

Al ver a Sebastián descender de aquel Bentley y a Ricardo de otro vehículo, Daniel, fiel a sus principios y modales educados, se acercó para recibirlos sin titubear.

—Ricardo —saludó Daniel asintiendo. Luego, dirigió su mirada hacia Sebastián y también asintió levemente.

Ricardo, atrapado en la insoportable tensión entre aquellos dos hombres, tragó saliva. Si hubiera sabido en qué situación tan incómoda se metería, ¡jamás habría asistido!

Pero el silencio se hacía cada vez más pesado y sintió que tenía que romper el hielo. Aclaró su garganta y comenzó: —Me quedé de piedra cuando leí en las noticias que dejabas la medicina para unirte a la empresa familiar. ¿Por qué abandonar el hospital de un día para otro?

Apenas lanzó la pregunta, se arrepintió profundamente.

Su intención había sido decir algo trivial para aligerar la tensión, pero acabó soltando una bomba que dinamitó el frágil equilibrio.

Rogaba en silencio para que Daniel fuera lo suficientemente inteligente como para evitar hablar de su evidente interés por la esposa del Señor Correa frente a él.

Porque a nadie le quedaba duda de que Daniel había abandonado su carrera médica única y exclusivamente por Valentina.

Sin embargo, para el horror de Ricardo, Daniel habló con la franqueza de un caballero que no tiene nada que ocultar, clavando sus ojos en Sebastián: —Tengo la intención de conquistar a Valentina.

Una carcajada helada y cínica escapó de los labios del hombre. —¿Acaso no es suficiente montar guardia todas las noches fuera de su edificio? ¿Qué, ya te cansaste de ser el caballero que la protege desde las sombras?

Daniel titubeó apenas un segundo, sin sorprenderse de que él estuviera tan bien informado de sus visitas nocturnas.

Aquella noche, cuando intentaron matar a Valentina frente a su edificio, él solo había pasado por ahí para asegurarse de que estuviera bien.

Pero el terror de perderla lo sacudió de tal manera que, desde entonces, había decidido estacionarse fuera de su edificio cada noche, coordinando personalmente un equipo de guardaespaldas para extremar su protección.

Por supuesto que Arturo también lo sabía.

La única que ignoraba todo era Valentina.

La colega asintió. —Me comentó que se sentía un poco mareada y fue a recostarse un rato al camarote que le asignaron.

Daniel conocía a la perfección el número de su habitación, pues él mismo se había encargado de ubicarla en un lugar donde pudiera estar lo más cómoda posible.

Sabiendo que no se sentía bien, un nudo de preocupación se instaló en su pecho. Salió de inmediato del salón de eventos y tomó el ascensor.

Al llegar a la habitación de ella, sacó su celular con la intención de avisarle que iba a entrar, pero notó que la puerta estaba semiabierta.

Si ella realmente no se sentía bien, Arturo debería estar montando guardia en la entrada, pero, ¿dónde estaba?

Su instinto le dijo que algo andaba muy mal, tal vez Arturo solo se había ausentado un momento.

—¿Valentina?

Daniel empujó la puerta y entró. La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por el barrido ocasional de un faro a la distancia que se filtraba por la ventana.

Justo cuando estiró la mano para encender las luces, una sombra surgió desde detrás de la puerta. Un golpe sordo resonó en la habitación, seguido por el impacto brutal en la nuca de Daniel, quien perdió la conciencia en el acto.

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