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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 235

El hombre soltó un quejido sordo. Ella le había mordido la lengua y el sabor a sangre inundó de inmediato la boca de ambos.

Valentina creyó que con eso la soltaría, pero para su sorpresa, él se volvió aún más salvaje. La devoró con sus besos hasta que el cuerpo de ella se debilitó tanto que perdió toda capacidad de resistencia.

—Olvídate de la idea de irte de Miramar, Valentina. Jamás vas a poder huir de mí.

—¡¿Qué soy para ti?! preguntó ella cerrando los ojos, devastada.

—Lo mismo que siempre. Nada ha cambiado.

Tras decir esto con una frialdad cortante, el pulgar áspero de Sebastián le limpió las lágrimas de los ojos, la levantó de la cama en brazos y salió de la habitación.

Al llegar abajo, la metió a la fuerza en su vehículo.

Apenas se sentó, Valentina se abalanzó hacia la puerta del otro lado.

Pero antes de que sus dedos pudieran rozar la manija, Sebastián la agarró y la jaló hacia atrás.

Cayó directamente sobre él. El fuerte brazo de Sebastián rodeó su cintura, pegando su espalda a su cálido pecho, y pudo sentir la profunda vibración en su caja torácica cuando habló.

—¿A dónde crees que puedes correr? ¿Y quién crees que va a protegerte? ¿Daniel Zamora? Los Zamora están a punto de caer, y él bastante tiene con intentar salvarse. ¿A Mateo Solís? La salud de Don Patricio pende de un hilo, y la familia Solís es un nido de víboras en este momento. Tienen una guerra civil por la herencia, ni siquiera sabemos si tu mejor amigo saldrá vivo de esto.

El cuerpo de Valentina se quedó tieso.

¿La familia Solís estaba en problemas?

Mateo nunca le había mencionado una sola palabra de eso.

Los entramados familiares de los Solís eran infinitamente más complejos que los de los Correa. Una disputa por el control absoluto de esa familia terminaría, sin duda, en un derramamiento de sangre.

—¡Suéltame, déjame bajar! Al no poder zafarse, se dio la vuelta y le mordió el brazo con rabia.

La habían dejado fuera de su única oportunidad en el extranjero, tenían las cenizas de sus padres como rehenes y Mateo estaba hundido en una guerra a muerte sin que ella pudiera hacer nada para ayudarlo. Consumida por la impotencia, mordió el brazo de Sebastián con cada vez más fuerza.

Pero el hombre ni se inmutó, y ordenó con indiferencia: —Arranca.

El auto se puso en marcha, alejándose de Bahía Serena.

Capítulo 235 1

Capítulo 235 2

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