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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 298

Esa sonrisa tenía un matiz de esfuerzo y una mezcla de arrepentimiento y resignación. Ella aspiró aire bruscamente mientras correspondía al apretón de Valentina. —Valentina.

Debajo de la mascarilla caída se reveló un rostro que Valentina conocía perfectamente.

Se quedó paralizada por un segundo.

—¡Tía Diana!

De inmediato, apretó con más fuerza el brazo con el que sostenía a Diana Correa, y un sudor frío le recorrió la espalda al pensar en lo que pudo haber pasado. —Tía Diana, ¿se encuentra bien? ¿Se golpeó en algún lado?

Con la otra mano le sujetó la espalda, ayudándola a incorporarse del suelo, y le sacudió el polvo del vestido.

Diana emitió un leve quejido de dolor, pero sacudió la cabeza y dijo: —Solo me golpeé un poco la rodilla.

—Déjeme ver.

Valentina se agachó y le levantó con cuidado el borde de la falda hasta la rodilla. Efectivamente, tenía un círculo rojo marcado en la piel.

Diana bajó la mirada para examinarlo. —No es nada, gracias a que venías despacio el golpe no fue fuerte.

—Déjeme llevarla al hospital para que la revisen —dijo Valentina, acercándose a la puerta del copiloto para abrirla.

Pero Diana le sujetó la mano y la detuvo: —No, no hace falta. Es solo un raspón sin importancia, ¿para qué ir a un hospital? Ya sabes que detesto ese olor a clínica.

—¿Está completamente segura de que no necesita ir?

—Segurísima —la tranquilizó Diana—. En serio, no tengo nada. Te di un buen susto, ¿verdad?

Con un gesto maternal, le acomodó un mechón de cabello que a Valentina se le había caído sobre el hombro al agacharse.

—Qué bueno que no pasó a mayores —Valentina miró hacia el edificio de donde había salido corriendo, sin poder ocultar su confusión—. ¿Qué hacía usted por aquí?

Apenas eran las ocho de la mañana. La mansión donde vivía Diana estaba bastante lejos de esa zona y, además, ya iba completamente maquillada, lo que significaba que debió haberse levantado antes de las seis.

Valentina recordaba muy bien que a Diana Correa nunca le había gustado madrugar.

Diana, apoyándose en el brazo de Valentina, caminaba con paso pausado. —Un viejo amigo mío está delicado de salud, vine a verlo un momento.

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