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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 306

Ricardo lo observó arrojar suavemente la cicatriz despegada al basurero, y una repentina ola de furia lo invadió.

"Me basta con que una persona crea en mí".

Ver a Sebastián con esa actitud relajada, como si no le importara nada en absoluto, lo sacaba de quicio.

—Por supuesto que hay alguien que cree en ti. Isabela me llamó al no poder localizarte y dijo que no creía que fueras capaz de hacer algo así. Uy, claro, tienes a alguien que confía ciegamente en ti, debes estar saltando de alegría —dijo Ricardo, incapaz de evitar el tono mordaz y sarcástico.

—No me importa —respondió Sebastián, ignorándolo. Abrió la llave del agua y se lavó la cara. Las gotas de agua escurrieron por su mandíbula afilada hasta caer en el lavamanos.

En su mente pasó la imagen de ella, sentada en el asiento del copiloto, sosteniendo la taza de leche caliente y pronunciando con suavidad y firmeza aquellas cuatro palabras.

—Él no lo haría.

A sus espaldas, Ricardo siguió echando leña al fuego.

—No sabes lo que me dijo por teléfono. Que si terminas en la cárcel siendo inocente, te esperará afuera toda su vida.

—Sé que tiene la capacidad de resolver esta crisis—, las palabras de la mujer en el asiento del copiloto seguían resonando en sus oídos.

De pronto, Sebastián apoyó ambas manos en los bordes del lavamanos y levantó lentamente la mirada para ver el reflejo de Ricardo en el espejo.

—¿Se lo dijiste a Isabela?

Al encontrarse con los ojos profundos e intimidantes de Sebastián, Ricardo comprendió de inmediato que no era momento para bromas.

Dejó a un lado su tono sarcástico y bufón, y respondió con total seriedad:

—No.

Aunque le encantaba provocar a Sebastián, para ver si lograba descolocar esa eterna expresión de frialdad, como la vez en la isla cuando bromeó con que estaba celoso de Mateo, logrando por fin ver su faceta molesta, también sabía cuándo debía ser profesional.

—Me dijiste que no se lo contara a nadie, y claro que no se lo dije a ella.

Para Ricardo, Isabela no era más que una mujer que alguna vez le salvó la vida a su mejor amigo, y nada más. Desde que se enteró de que había contratado sicarios, le daba asco escucharla hablar.

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