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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 43

Valentina no sabía cómo Sebastián había descubierto la contraseña de su apartamento en Bahía Serena. Cuando él quería algo, siempre encontraba la manera de conseguirlo.

Pero que ignorara su voluntad y mandara a alguien a traer sus cosas de vuelta convertía su partida en una broma de mal gusto.

Sin dudarlo, caminó con decisión hacia Lucas, extendiendo la mano para arrebatarle la maleta.

—¡Dame esa maleta!

Sin embargo, sin una orden de Sebastián, Lucas no se la entregaría.

Sostuvo el asa con firmeza y, justo cuando Valentina estaba a punto de alcanzarla, giró la muñeca y la deslizó por el suelo, lejos de ella.

—Lo siento, señora.

¡Valentina se quedó con las manos vacías!

Cuando se volvió, la maleta ya se alejaba, deslizándose hacia Sebastián.

Los largos dedos de Sebastián se posaron sobre el asa y, con un ligero movimiento, la colocó detrás de él.

Dos hombres de casi un metro noventa la estaban tratando como a un mono de circo.

La escena podría parecer cómica, pero Valentina temblaba de rabia. Apretó los dientes para no perder el control.

Respiró hondo y dijo con fingida indiferencia: —Son solo cosas baratas. No importa si las pierdo.

Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.

La mirada de Sebastián pasó por encima de su frágil figura y se dirigió a Lucas.

Al segundo siguiente, la puerta de la habitación se cerró justo delante de Valentina.

Intentó girar la manija, pero no se movió.

¡Era evidente que la habían cerrado desde fuera!

La mano de Valentina se aferró a la manija con tanta fuerza que se marcó en rojo, y sus ojos se inyectaron de furia. —¡Sebastián Correa, esto es el colmo!

Sebastián se acercó a ella con pasos largos y firmes. Con dos dedos, comenzó a aflojarse la corbata y soltó una risa seca. —¿No fuiste tú la que empezó con este capricho?

—¡Estamos a punto de divorciarnos! ¡Mudarme es mi libertad! ¡¿Con qué derecho me lo impides?! —le cuestionó, alzando la voz.

—¿Buena esposa? —Al oír esas palabras tan irónicas, Valentina rio mientras las lágrimas caían por sus mejillas—. ¿Alguna vez has reconocido mi lugar? Cuando Julián Campos mandó a que me golpearan, cuando dejaste que Isabela se mudara a mi casa, ¡esta supuesta "señora Correa" no era más que un chiste!

Esa noche, en la fiesta de cumpleaños de Julián, mucha gente fue testigo de cómo Sebastián defendió a Isabela y a su hermano.

Isabela era su exnovia, pero ¿qué pintaba Julián en todo aquello?

La mano que le sujetaba la muñeca se tensó por un instante.

Valentina aprovechó para liberarse, pero en cuanto lo intentó, Sebastián le presionó ambas manos contra la puerta.

—¡Sebastián Correa, eres un cobarde! ¡¿No eras tú el que moría por divorciarse de mí?!

Luchó con todas sus fuerzas para soltarse y, en el forcejeo, su hombro golpeó el interruptor de la luz. Con un *clic*, la habitación se sumió en la oscuridad.

El dormitorio quedó en penumbras, solo un haz de luz se filtraba desde el baño, extendiéndose por el suelo sin alcanzar el rincón junto a la puerta.

—¡Mmmh!

La corbata se enroscó alrededor de las muñecas de Valentina, con un extremo firmemente sujeto por Sebastián.

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