A Ricardo se le cortó la respiración.
—¡Eso... eso es imperdonable! ¡En serio hiciste que le borraran la memoria! —
Sebastián bajó la mirada, sus ojos desprovistos de cualquier emoción. —No había otra manera. —
—¡Claro que la había! Esa no era tu única opción. Lo que pasa es que eres un terco y no soportabas la idea de perderla. Pudiste simplemente dejarla ir. —
—Imposible. —
Antes de que Ricardo pudiera terminar su frase, Sebastián ya lo había cortado.
Ricardo en el fondo lo sabía. Si no, Sebastián jamás habría llegado al extremo de alterar su memoria.
Y mucho menos ahora. Si él pudiera, seguramente borraría los recuerdos de alguien más sin dudarlo.
Recordó la escena del cuchillo y un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
—Aun antes de recordar todo esto, ella ya quería irse de Miramar. Ahora que los rencores de la familia Correa y la muerte de sus padres se han sumado, es imposible que se quede a tu lado. ¿Acaso planeas borrar su memoria otra vez? —
Sebastián se quedó mirando los rasguños en sus manos. Eran marcas de uñas, hechas por Valentina mientras luchaba desesperadamente por soltarse.
—Ella no podría soportarlo de nuevo. —
Ricardo se quedó sin palabras.
Justo en ese instante, el ascensor llegó al piso de la unidad de cuidados intensivos pediátricos.
Apenas Ricardo empujó la silla de ruedas fuera del ascensor, vio a lo lejos a una de las enfermeras salir corriendo frenéticamente hacia la sala de médicos.
Segundos después, un doctor salió a toda prisa.
—¡Qué sucede! —preguntó Sebastián con voz grave.
Al verlo, el médico le respondió con un tono sombrío: —Cachito estaba durmiendo cuando de pronto su ritmo cardíaco se disparó y su presión arterial cayó en picada. Son los síntomas de un shock. —
Afuera de la sala de aislamiento.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....