Ricardo Mendoza había visto en las noticias cómo Daniel y Sebastián, quienes solían ser inseparables, se habían convertido en enemigos por razones que la prensa desconocía.
Pero un día, al escuchar accidentalmente fragmentos de una conversación entre Sebastián y Lucas Ortiz en la unidad de cuidados intensivos, Ricardo ató cabos: todo tenía que ver con la señora Correa.
Sentado junto al pequeño Cachito, que dormía profundamente, Ricardo le daba suaves palmaditas para arrullarlo. Al escuchar al médico, respondió sin dudarlo, con total certeza:
—No lo hará.
El médico levantó la vista.
—Daniel no pondrá ninguna condición —le aseguró Ricardo—. Dejando de lado que fue médico y que salvar vidas es su vocación, lo más importante es que Daniel es un hombre íntegro.
Incluso cuando se había aliado con la familia Solís para asfixiar los negocios de Sebastián, lo había hecho de frente, sin recurrir a golpes bajos.
Además, se trataba de salvar a Carlo.
Daniel aceptaría sin dudarlo.
—Confío en él, y Sebastián también confía en él.
...
—¿De quién estás hablando?
En la habitación, la voz fría y tajante de Daniel retumbó de repente.
La nuez de Adán de Sebastián subió y bajó. Miró fijamente a Daniel.
—De Carlo. El hijo de Valentina y mío.
Carlo.
El pecho de Daniel se apretó con violencia. ¿Acaso ese niño no había muerto hacía más de un año?
Pero la situación actual dejaba algo dolorosamente claro: Sebastián había engañado a todos.
Esa noticia explosiva y repentina lo dejó paralizado en su sitio. Luego, la ira reemplazó a la conmoción. Dio unos pasos de un lado a otro y miró a Sebastián con furia.
Frunció el ceño con severidad.
—¿Se lo ocultaste a Valentina?
—Sí.
—¿Por qué?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....