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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 456

Y si llegaba a enterarse de que Cachito estaba así porque había absorbido el veneno que estaba en el cuerpo de ella, no solo odiaría a Isabela con toda su alma, sino que, consumida por la culpa, nadie podría garantizar que no hiciera una locura.

Sebastián jamás volvería a correr ese riesgo.

Si ya se lo había ocultado por tanto tiempo, unos días más no harían diferencia.

—Bueno, pero antes de eso, ¿podrías comer algo? Si ella no come... —Ricardo se detuvo de golpe, dándose cuenta de lo que acababa de decir.

No podía decirle a Sebastián que Valentina no había desayunado. Que el plato que Sofía le había llevado había regresado intacto, y que ni siquiera Mateo Solís había logrado que probara bocado.

Si Sebastián se enteraba, se volvería loco de preocupación.

Así que cambió rápidamente el rumbo de la frase:

—¡Ella no va a caer en tu jueguito de dar lástima!

La mano de Sebastián, que acariciaba la herida en su dorso, se detuvo. Se recargó contra el cabecero de la cama con su habitual frialdad.

—No estoy dando lástima. No pretendo que ella caiga en nada.

—Entonces, ¿vas a comer o no? Si no, te daré de comer yo mismo. —Ricardo tomó el tazón de sopa de la mesa, se sentó de golpe al borde de la cama, agarró la cuchara y amagó con dársela en la boca.

Sin embargo, el lento y gélido movimiento de los ojos de Sebastián hizo que la mano de Ricardo se congelara en el aire.

—Atrévete.

La voz de Sebastián era fría y destilaba una advertencia letal.

Ricardo no tenía la menor duda: si intentaba darle de comer, incluso estando malherido, Sebastián le daría una patada que lo mandaría hasta el otro lado de la habitación.

¡Qué miedo daban los hombres tan orgullosos!

Una cosa era que quisiera hacerse el fuerte frente a Valentina, pero ¿tener que aparentar delante de él, con quien había compartido hasta los mismos pañales de niños?

—Regresen a descansar —dijo Sebastián, tosiendo suavemente.

A Ricardo se le encogió el corazón al escucharlo.

—¿Vas a comer o qué?

—Comeré cuando te vayas.

Ricardo suspiró.

—Bien, más te vale cumplir tu palabra.

Poco después, Ricardo y Daniel salieron de la habitación. Antes de irse, Ricardo no olvidó advertirle a Lucas que vigilara bien a Sebastián para que no hiciera ninguna locura. Dijo que iría a darse un baño y a cambiarse de ropa antes de volver.

Capítulo 456 1

Capítulo 456 2

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