Al pensar en el estado de Valentina y en las duras palabras que acababa de escuchar, Sebastián apretó los puños con tal fuerza que sus nudillos palidecieron y comenzaron a temblar. Cerró los ojos por un instante antes de, por fin, atreverse a preguntar:
—¿Qué dijo el doctor?
—Depresión.
En cuanto Mateo pronunció esa palabra, Lucas frunció el ceño y la mirada de Ricardo se llenó de consternación.
¿Cómo era posible...?
Mateo detestaba pronunciar esa palabra, pero no tenía más remedio que enfrentar la realidad.
No notó la tormenta de pánico que se desataba en el fondo de los ojos de Sebastián y le reclamó:
—Ella ya estaba deprimida hace cinco años, ¿verdad?
En lugar de responder, Sebastián hizo una pregunta para confirmarlo de nuevo:
—¿El doctor te dijo que es depresión?
—Sí —respondió Mateo.
El rostro de Sebastián cambió drásticamente y su respiración se volvió tensa.
Valentina no se había deprimido hace cinco años.
Hace cinco años, cuando ella descubrió que él había empujado a sus padres a la muerte y entendió el odio que existía entre sus familias, sintió que su mundo se desmoronaba. Quiso dejarlo y amenazó con quitarse la vida, así que, movido por el egoísmo, él ordenó que le borraran esa parte de su memoria.
Hizo que olvidara cómo había regresado del aeropuerto corriendo para confesarle su amor; la hizo olvidar la quincena que pasaron juntos en la isla y, sobre todo, la hizo olvidar que él era el causante de la muerte de sus padres. Implantó en su mente la mentira de que, el día de su viaje, había sufrido un accidente y se había golpeado la cabeza.
Ese tipo de hipnosis nunca era infalible, siempre existía el riesgo de que los recuerdos resurgieran.
Todo aquello fue la semilla que él mismo plantó por aferrarse a su amor, y ahora estaba cosechando el amargo fruto de sus acciones. Era lo que merecía.
Pero la verdadera depresión de Valentina había comenzado hace poco más de un año, después de que la obligara a someterse a aquel aborto inducido.
Tras el procedimiento, él la llevó de regreso a Villa Esmeralda para que se recuperara. Ella no quería ver a nadie, y más tarde la llevó a vivir a la isla, por lo que Mateo casi no tuvo oportunidades de verla.
En aquel entonces, el dolor de Valentina era tan insoportable que Sebastián contrató al mejor psiquiatra del mundo. Finalmente, el experto propuso un método muy arriesgado y poco ortodoxo: la hipnosis.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....