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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 461

Cuando Mateo Solís regresó, Valentina ya había dejado de vomitar.

Sofía había llegado unos minutos antes que él y le estaba limpiando el rostro con suavidad. A un lado, Don Alberto barría en silencio lo que había ensuciado el suelo, con los ojos enrojecidos por las lágrimas reprimidas.

Mateo corrió hacia la cama y se sentó, sosteniendo a Valentina para que descansara la cabeza sobre su hombro.

Justo como en el jardín de niños, cuando a ella le daba sueño después de la merienda y se sentaban juntos; él siempre le ofrecía el hombro para que apoyara su cabecita somnolienta que se balanceaba de un lado a otro.

Desde el jardín de niños hasta la escuela primaria, él siempre la había cuidado así.

Salvo por los dos o tres años que pasó al lado de Sebastián sufriendo por amor, él nunca había soportado verla sufrir ni un poco.

Los bocadillos y bebidas en la oficina del canal de televisión eran comprados por gente que él mandaba, y siempre eran los favoritos de ella.

El cocinero de la cafetería del canal era un chef de primera que él mismo pagaba de su bolsillo.

Incluso los vehículos que usaban para ir a cubrir reportajes fueron cambiados por los más modernos y cómodos del mercado, todo porque él quería que ella estuviera cómoda.

Al verla en ese estado, a Mateo se le partió el corazón, tanto que apenas podía hablar.

—No te asustes, seguro comiste muy rápido. Vamos a descansar un rato, comeremos más tarde.

Valentina se apoyó contra él sin decir una palabra, llorando en silencio.

Sus lágrimas caían sobre el dorso de la mano de Mateo, quemando como si fueran lava pura.

...

—¿Qué le pasa exactamente?

Cuando Valentina por fin se durmió, Mateo interrogó al psiquiatra que había sido traído por el médico tratante.

Al hablar, se dio cuenta de que su propia voz temblaba descontroladamente.

El problema de Valentina ya no era una simple falta de apetito.

Tenía pánico de perderla.

El psiquiatra lo miró con gravedad.

—La señorita Vargas tiene un historial de insomnio severo y ha estado tomando bastantes pastillas para dormir. Sumado a su estado actual, el diagnóstico es depresión.

La palabra «depresión» golpeó el pecho de Mateo como un mazo.

Se quedó aturdido por un momento, creyendo haber escuchado mal.

—Depresión... ¿cómo es posible?

El psiquiatra fue tajante:

—Aunque la señorita Vargas no está cooperando con mis evaluaciones ahora mismo, no me equivoco.

Depresión.

Esa palabra le parecía tan lejana a él, y aún más a Valentina. Ella siempre había sido experta en manejar sus propias emociones; él nunca había tenido que preocuparse por su salud mental.

Capítulo 461 1

Capítulo 461 2

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