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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 475

—"Con una mamá tan hermosa, el bebé seguramente será precioso".

—"Así se ven las ecografías 3D. Mire cómo frunce los labios, ¿no es adorable? Sus facciones se parecen a las de mamá".

—"Ya casi llega a término, ¿debe estar muy emocionada por conocerlo, verdad?".

Valentina se fue calmando poco a poco. Las lágrimas caían en silencio mientras observaba el video. Levantó una mano rígida y rozó la pantalla.

La ropa que llevaba el bebé...

Sintió una fuerte sacudida en el pecho.

Ese estampado de un osito.

¡Era la ropa que ella misma había comprado!

Por fin recordó aquellos dos o tres meses en los que había vivido en un estado de sonambulismo. Antes de dar a luz había comprado muchísima ropa. Después de que le indujeran el parto, como una forma de huir de la realidad, siguió comprando y comprando.

Desde la talla de recién nacido hasta prendas más grandes.

Ropa de primavera, verano, otoño e invierno. Había comprado suficientes cajas para vestirlo hasta los tres años.

Sebastián las había guardado en cajas.

Ahora lo recordaba.

Esas cajas estaban en el ático de la casa principal en Villa Esmeralda. Muchas noches se sentó allí a doblar y organizar la ropita una y otra vez mientras esperaba que Sebastián volviera a casa.

—Me estás mintiendo, ¿verdad?... Sebastián, dime que no es mentira... —Sus dedos temblorosos acariciaron la pequeña carita en el video. El pecho le dolía, una punzada que le cortaba la respiración.

Él estaba sonriendo.

Cuando sonreía, sus ojos se curvaban.

Igual que los de ella cuando era niña.

Realmente era su Cachito.

No podía dejar de llorar mientras miraba el video de su hijo. Sebastián, con los ojos enrojecidos, la abrazó por los hombros y susurró:

—Jamás te mentiría con nuestro hijo. Él es nuestro Cachito.

—Por favor, tranquilízate y no te hagas daño. Te llevaré a verlo.

Valentina reía y lloraba al mismo tiempo. Miró a Sebastián y luego a Mateo, sintiéndose completamente perdida pero con el corazón lleno de amor. Abrió la boca varias veces, hasta que las lágrimas volvieron a desbordarse, y solo entonces logró emitir un sonido:

—Sí.

El ascensor subió hasta la unidad de cuidados intensivos en el último piso.

Sebastián llevó a Valentina de la mano a lavarse, desinfectarse y ponerse los trajes de aislamiento. Él se encargó personalmente de cada paso, y ella colaboró con total docilidad.

No podían entrar muchas personas a la vez en el área estéril, así que Mateo se quedó esperando afuera.

En el ascensor, Sebastián le había explicado que Cachito estaba muy débil y enfermo. Necesitaba un trasplante de médula y, por suerte, Daniel Zamora era un donante compatible.

Resultó que, a sus espaldas, Sebastián había analizado la sangre de ellos cuando les hicieron los chequeos médicos de rutina.

En ese instante, Mateo comprendió de repente por qué Sebastián había derramado lágrimas el día que le disparó a Isabela Campos, y cuál había sido el verdadero propósito de mantenerla viva.

Todo tenía sentido ahora.

Todo había sido por Cachito.

Capítulo 475 1

Capítulo 475 2

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