Entrar Via

La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 487

De pronto, una sospecha asaltó su mente y, bajando la voz, preguntó: —No me digas que pasó algo de verdad entre esa doctora y tú...

La mirada de Sebastián seguía glacial. —No pasó nada.

—Y no tenemos nada, solo nos tomamos una foto para un documento oficial.

Lo que nunca imaginó fue que esa fotografía se quedaría en la cabaña de aquella isla remota y que Valentina la encontraría.

Ricardo aspiró hondo. —¿Ahora te pones detallista conmigo?

Dicho esto, Ricardo volvió a sentarse en el borde de la cama, abandonando su tono burlón por uno más serio. —Por cierto, aún no me explicas por qué montaste ese matrimonio falso con Valentina.

Lógicamente, Sebastián valoraba a Valentina más que a su propia vida. Incluso si había ordenado hipnotizarla para borrar sus recuerdos, con lo manipulador que solía ser, habría aprovechado el momento en que ella propuso casarse para encadenarla a su lado de forma definitiva. ¿Por qué demonios se le habría ocurrido falsificar el acta de matrimonio?

—Viste lo que pasó ese día —murmuró Sebastián bajando la mirada. Sus ojos, profundos como un lago abismal, parecieron agitarse con una leve y dolorosa onda—. Viste cuánto sufrió al recordarlo todo.

Se llevó los dedos al puente de la nariz, masajeándolo con cansancio, y tras un largo silencio, soltó en voz baja: —¿Qué más podía hacer?

Al recordar el caos de aquel día, Ricardo no supo si aquella desgarradora confesión iba dirigida a él, o si Sebastián solo hablaba consigo mismo.

En un momento de descuido, Ricardo desparramó la pila de documentos que descansaba sobre la cama.

Las hojas cayeron al suelo con un estrépito.

Como no sabía qué responder ante las sombrías palabras de su amigo, optó por inclinarse torpemente a recoger los papeles. El clima se había vuelto más caluroso, así que solo llevaba una camisa ligera con las mangas remangadas, dejando a la vista un vendaje ensangrentado.

Sebastián le echó un fugaz vistazo.

Cuando Ricardo terminó de recoger todo el desastre, preguntó: —¿Cómo te hiciste eso?

Ricardo siguió la trayectoria de su mirada y, restándole importancia, se ajustó la manga mientras sonreía de lado. —Impresionante, ¿verdad? Me lo hizo Leticia.

Aunque esbozaba una sonrisa de suficiencia, un destello de crueldad y frialdad relució en sus ojos.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido