Un hijo...
Un dolor agudo, tan intenso que perforaba los huesos, se propagó por cada rincón del cuerpo de Valentina.
A finales de la primavera pasada, una noche Sebastián llegó ebrio e irrumpió en su habitación por equivocación.
Jamás olvidaría cómo, en medio de la pasión, él se pegó a su oído y murmuró su nombre.
Esa misma noche quedó embarazada.
Con el embarazo, la relación entre ambos experimentó un cambio sutil. Aunque él seguía sin ir a casa con frecuencia, contrató a una nutricionista para que le cuidara todas sus comidas.
Ella llegó a pensar que ese era el inicio de su felicidad.
Sin embargo, el invierno pasado, cuando ya tenía ocho meses, el corazón del bebé se detuvo de repente. Había fallecido en su vientre, obligándola a someterse a un parto inducido.
Por miedo a que sufriera un trauma mayor, el personal médico se negó a dejarla ver al bebé.
No pudo despedirse de él; ni siquiera pudo tocar sus pequeñas manitos.
Durante mucho tiempo, nadie se atrevió a mencionar la palabra "bebé" frente a ella. Se convirtió en su zona prohibida.
Ahora que el tema volvía a salir a la luz, sintió que la arrojaban a un lago de hielo.
Se escucharon pasos ligeros en las escaleras. Una empleada acababa de subir.
—Señora Correa.
Valentina volvió en sí, se frotó los ojos enrojecidos, y con la bandeja en las manos, entró a la habitación.
La conversación en el interior cesó abruptamente. Al ver a Valentina, el rostro de la anciana se arrugó con pesar.
Si hubiera sabido que Valentina estaba escuchando, jamás habría mencionado lo del bebé.
De inmediato miró a Sebastián, esperando que él se acercara a ella, pero el hombre se quedó ahí de pie como un bloque de hielo. Le lanzó una mirada casual a Valentina y salió del cuarto.
...
Una vez que la Matriarca se quedó dormida, Valentina le tomó la temperatura de nuevo para confirmar que la fiebre había cedido antes de salir de la habitación.
Esa noche, la anciana ordenó que ella y Sebastián se quedaran a dormir en la hacienda, e incluso le pidió al mayordomo que se asegurara personalmente de que Valentina volviera a la que había sido su habitación nupcial.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido