Había estado ciega todos esos años creyendo que tenían un vínculo real. Si hubiera sabido que él era un sádico enfermo, habría aceptado desde el principio la propuesta de sus padres de estudiar en el extranjero y quedarse a trabajar allá.
Antes de los exámenes de ingreso a la universidad, ya había sido aceptada en la Universidad de Miramar, pero sus padres le habían preparado todo para irse fuera del país. Al final, ella rechazó la oportunidad y decidió quedarse.
Jamás imaginó que, un par de años después de tomar esa decisión, Ricardo se quitaría la máscara. Ese hermanito que, aunque a su manera, siempre la había amado y protegido, nunca volvería. Miramar se había convertido en su prisión.
¿Cuántos años habían pasado ya...?
Había perdido la cuenta. Sentía que esta existencia envuelta en oscuridad no tenía fin.
Especialmente en los últimos años, cuando el poder de Ricardo se había consolidado y el imperio familiar cayó completamente en sus manos. Podía parecer un hombre sin escrúpulos e irreverente, pero era despiadado en los negocios; sus propios padres ya no tenían ningún control sobre él.
Su mirada, siempre fría, perdió el último rastro de luz. —¿Por qué insistes en no dejarme en paz?
Había tantas mujeres en Miramar dispuestas a estar con él. Fácilmente podía elegir a alguien joven, hermosa y complaciente.
—¿Quién dijo que insisto en no dejarte en paz? —Ricardo se inclinó, le dio un beso en la mejilla y sonrió con dulzura—. Tal vez un día me canse, y entonces te dejaré ir.
Estando tan cerca, sintió cómo el cuerpo de Leticia se tensaba. Sonrió en silencio mientras la escuchaba preguntar con amargura: —¿Y cuándo se supone que te vas a cansar?
Once años.
Habían pasado exactamente once años.
Ricardo bajó la mirada hacia la manga de su camisa blanca. En su desesperado forcejeo, Leticia había hecho que la herida que ella misma le había infligido en el antebrazo un par de días atrás se abriera. La sangre empapó las vendas y tiñó la tela.
Una mancha roja y perturbadora.
Al ver ese color, no supo por qué, su mente evocó la primera vez que hizo suya a Leticia. Ese mismo rojo, igual de fascinante.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Hola habrá actualización?? Porfi ojalá terminen la historía...
Habrá acrualizacion.....