—No creerá que nos va a engañar con té…
—Señor Vargas, no se precipite. Este té es solo para ofrecerles una disculpa. De verdad no puedo beber más, porque mi esposo no me deja.
Jairo, que estaba inclinado para apagar su cigarro, detuvo el movimiento un instante al oír eso, y luego soltó un bufido casi imperceptible.
—Vaya, así que la señorita Quintero está casada. ¿Su esposo es alguien que conozcamos? —preguntó un hombre a propósito.
Llevaba seis años con Gabriel; era inevitable que hubiera rumores.
Isabella fingió una sonrisa tímida.
—Mi esposo es increíble. Es cinta negra en taekwondo, le encanta el gimnasio, está lleno de músculos. Sus puños son como las garras de un oso; de un solo golpe podría romperle los huesos a alguien.
«¿A quién quiere asustar? ¿Que de un golpe te rompe los huesos?».
Pero la amenaza funcionó. Un par de ellos se acobardaron y dejaron de hacer alboroto.
—¡Ja! —a Ignacio se le escapó una carcajada. Al ver que los demás lo miraban, se apresuró a explicar—: ¡Es que me parece que el esposo de la señorita Quintero es muy impresionante!
Era obvio que Ignacio sabía lo que pasaba entre ella y Jairo. Isabella le dedicó una mirada de reojo y luego se levantó para caminar alrededor de la mesa en sentido contrario a las manecillas del reloj.
—Esto es solo un juego, y por supuesto, tiene que ser voluntario. Si alguno de ustedes no quiere que lo bese, o si tiene esposa en casa, puede beberse el contenido de su vaso. Así entenderé el mensaje.
Los que se habían acobardado antes se apresuraron a vaciar sus copas.
Pero todavía quedaban algunos que, animados por Martín, empezaron a golpear la mesa como si estuvieran jugando a la papa caliente.
Isabella entrecerró los ojos. Se acercó a Ignacio y le dio una palmada en el hombro.
Ignacio se bebió su copa de inmediato y, con ganas de ver el mundo arder, comentó:
—Señorita Quintero, mírelos. Parece que no saben lo que es bueno para ellos.
Isabella lo fulminó con la mirada en secreto, pasó de largo y se colocó detrás de Martín.
—Se me ocurre algo para hacerlo más divertido.
Los ojos de Martín brillaron.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...