—Bella, no puedes seguir así…
No había terminado de hablar cuando su celular sonó. Lo miró y abrió los ojos como platos.
—¡Trescientos mil! ¿Qué hiciste? ¿Cómo gastaste trescientos mil de golpe?
Gabriel, al oír la cifra, también se quedó pálido.
—¡Isabella, te has pasado de la raya!
Ambos la acusaron, pero de inmediato se dieron cuenta de que algo no cuadraba.
Isabella estaba delante de ellos, ¿cómo había podido gastar esos trescientos mil?
—Tú…
—¡Ay! —exclamó Isabella. Rápidamente sacó la cartera de su bolso, la revisó y dijo con los ojos muy abiertos—: ¡Se me perdió esa tarjeta!
—¿Se te perdió? —se sorprendió Diana—. ¿Entonces no fuiste tú quien gastó todo ese dinero?
Isabella asintió.
—Hoy sí fui al centro comercial, pero usé mi propio dinero.
¿Cómo iba a usar el dinero de la familia Ibáñez para comprar cosas para su boda con Jairo?
¡Sería el colmo!
—Entonces alguien la encontró y ha estado usándola. Pero no tiene sentido, ¿cómo supo la contraseña?
Isabella frunció el ceño.
—¡Dejemos eso! ¡Hay que llamar a la policía!
Diana asintió.
—Sí, sí, primero a la policía. ¡Tengo que atrapar a ese ladrón, meterlo en la cárcel y hacer que me devuelva todo mi dinero!
Diana llamó a la policía mientras Gabriel llamaba al banco para cancelar la tarjeta.
El ladrón no tenía mucha experiencia y la policía lo atrapó rápidamente, en pleno acto. No había forma de que lo negara.
—¿Quieres meterme en la cárcel? ¡Atrévete! ¡No olvides las cosas que ha hecho tu familia! Yo lo sé todo, y casualmente Isabella está aquí…
—¡Cállate! Si dices una palabra más, yo… —Gabriel señaló a Casandra con el dedo. Temía que lo contara todo, pero no sabía cómo amenazarla.
—¡No te tengo miedo! —le gritó Casandra a Gabriel—. ¡Sí, gasté el dinero de tu familia! ¿Y qué vas a hacer? ¡Si el oficial me pregunta, le diré que es un problema familiar!
—¡Vieja, descarada, sinvergüenza! —seguía insultando Diana.
Casandra se dio unas palmaditas en la cara.
—¡Pues sí, ya no me importa la vergüenza! ¡Y te lo digo, no tengo nada que perder! ¡Así que más te vale que le expliques todo al policía, o si no…!
—¡Tú! —Diana sintió que se le nublaba la vista y estuvo a punto de desmayarse.
En ese momento, Isabella se acercó, la sostuvo por detrás y luego miró a Casandra.
—Señora, encontró mi tarjeta y debería habérmela devuelto, no usarla para comprar cosas. La policía la ha detenido y usted todavía se pone en esa actitud, hablando de que son familia y de problemas familiares. ¿Desde cuándo la familia Ibáñez y usted son familia?
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...