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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 166

Isabella acababa de levantar la taza de té; por suerte no había bebido nada, o lo habría escupido todo.

El chico sacó la lengua.

—No es para tanto. Mis amigos y yo siempre bromeamos así, pero a él no le gustó. Me dijo que me mantuviera alejado.

El hecho de que el robot Yao fuera asignado a su mesa probablemente tenía que ver con que Leandro no quería atenderlos.

Isabella pidió dos platillos, y el chico otros dos. Pero apenas llegó la comida, él recibió una llamada y tuvo que irse.

—¡Un amigo está jugando básquetbol contra los de deportes y ya están perdiendo tanto que los tienen de rodillas! ¡Tengo que ir a salvarlo! —dijo, y salió corriendo.

Cuando el chico se fue, Isabella se dio cuenta de que ni siquiera le había preguntado su nombre.

El robot Yao trajo el primer platillo, pero no tenía la función de ponerlo en la mesa. Para eso se necesitaba un mesero, pero fue otro quien se acercó.

Isabella miró a su hermano. Llevaba el uniforme del restaurante y se movía entre las mesas, sirviendo comida, té y recogiendo los platos.

En una mesa, un niño tocó una tetera y se quemó un poco. Los padres, angustiados, empezaron a regañar a Leandro, culpándolo por haber dejado la tetera del lado del niño.

Leandro se disculpó de inmediato, pero aun así lo estuvieron regañando un buen rato.

Parecía que ese tipo de cosas eran comunes. Después del regaño, Leandro no mostró ninguna emoción y siguió trabajando con la misma eficiencia.

A Isabella, naturalmente, le dolía ver a su hermano así, y se le quitó el apetito.

Ella era nueve años mayor que él. Poco después de que su mamá lo tuviera, empezó a trabajar. Dejaba a su hermano al cuidado de la abuela de la familia An, pero ella ya era mayor y se cansaba fácilmente. Así que, en cuanto terminaba la tarea, Isabella se hacía cargo de su hermano: lo sacaba a jugar, le enseñaba a hablar, a caminar.

Se podría decir que ella lo había criado. En aquel entonces, su relación era muy buena.

Pero ese año, en contra de la voluntad de su madre, se empeñó en venir a la universidad a Nublario. Su madre se enfermó por el disgusto, y desde entonces, su hermano se enojó con ella y dejó de hablarle.

Con el tiempo, el contacto con su familia se hizo cada vez menor, y la distancia con su hermano creció.

Cuando llegó el cuarto platillo, como los otros meseros estaban ocupados, no le quedó más remedio que servirles él.

—Leo, me dio mucho gusto que me llamaras —dijo Isabella.

Leandro apretó los labios.

—Gracias por la ayuda esta vez. No volverá a pasar.

Capítulo 166 1

Capítulo 166 2

Capítulo 166 3

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