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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 207

Cuando Isabella regresó, la ceremonia ya había comenzado. En la pantalla grande se proyectaba un video promocional de la escuela.

Apenas se sentó, la mujer de vestido negro a su lado se giró hacia ella.

—Vaya, vaya, ¿no es la guapa de la clase? Han pasado años y sigues igual de despampanante.

El comentario no sonaba precisamente como un cumplido.

Isabella no la reconocía del todo, solo le parecía vagamente familiar, pero por el tono, seguro que habían sido compañeras de clase.

—No me digas que no te acuerdas de mí —dijo la mujer, enarcando una ceja.

Isabella respondió con frialdad:

—Disculpa, ¿cómo te llamas?

—¡Isabella, sigues siendo igual de arrogante que en la escuela!

—Si yo soy arrogante, ¿entonces tú qué eres?

—¡Tú…!

Isabella se giró hacia el frente, sin intención de seguirle la corriente.

En la escuela, estaba demasiado ocupada estudiando y trabajando, así que, la verdad, no convivía mucho con sus compañeros. No era por arrogancia, sino porque realmente no tenía tiempo.

Después de graduarse, el jefe de grupo organizaba reuniones de exalumnos todos los años. Otilia iba a menudo, pero ella nunca fue.

Principalmente porque no se sentía cercana a ellos, también porque le parecía una pérdida de tiempo, además odiaba las comparaciones y, por último, no era buena actriz como para fingir una profunda amistad que no sentía.

Quizá fue esa actitud la que hizo que su antigua compañera se sintiera ofendida y quisiera humillarla en público.

—Compañeros, ¿alguien me cambia de lugar? —preguntó la mujer en voz alta.

En su fila estaban sentados todos los de su clase, y era evidente que ya se habían enterado de los rumores por boca de Camila y Otilia, así que todos voltearon a ver.

—¿Por qué quieres cambiarte si estás bien ahí? —preguntó alguien con clara intención.

La mujer se tapó la nariz y contestó con una mueca:

—Es que por aquí llega un olorcito raro, ¡no sé de quién vendrá!

—En eso estoy de acuerdo.

—Así que sabes que ser la otra es inmoral, y aun así tú…

—¡Meterse en la relación de alguien, y más si es tu mejor amiga, es no tener vergüenza! —interrumpió Isabella a la mujer, dirigiendo su mirada a Otilia. Vio que esta seguía sonriendo, como si esas palabras ya no la ofendieran—. Lo más triste de gente así es que no se ven en un espejo, no se dan cuenta de lo horrible y asquerosa que es su cara. Como ahora, que todavía sonríe, sin saber que el karma existe y que a todos les llega su merecido.

Otilia seguía sonriendo, una sonrisa magnánima y tolerante. Invitó a la mujer a sentarse en su lugar y luego se sentó al lado de Isabella.

—Bella, todavía podemos ser amigas. Antes tú me cuidabas a mí, ahora yo te cuidaré a ti.

—Ja, ¿y qué significa exactamente ese «cuidar» tuyo?

—¿Lástima? ¿Compasión? ¡O quizás caridad!

—La verdad es que no lo necesito.

—Sin Gabriel, sin la familia Ibáñez, te quedaste sin apoyo. Ya nunca volverás a tener el esplendor de antes.

***

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