—Otilia, te doy un consejo de oro: ¡usa un poco la cabeza!
En ese momento, le tocó el turno a Camila de subir a hablar como representante destacada de su generación. Se presentó, mencionó a cada uno de sus compañeros de clase que asistían a la ceremonia y, al llegar el momento de hablar de Isabella, hizo una mueca.
—Su nombre prefiero no mencionarlo. Solo espero que aprenda a ser una buena persona.
Aunque ella no lo dijo, todos sus compañeros voltearon a ver a Isabella. Y como ellos la miraban, el resto de los presentes también lo hizo.
De repente, Isabella volvió a ser el centro de atención, el blanco de todas las miradas de desprecio. Sin embargo, permaneció sentada tranquilamente en su asiento, serena y con una leve sonrisa en el rostro.
Verla así enfureció a Camila, pero al tratarse de una ceremonia importante, no pudo decir mucho más. Sacó su discurso y empezó a leer.
No había leído ni dos frases cuando el sistema de sonido de la sala empezó a hacer un ruido extraño, y luego, se escuchó una grabación.
—Te voy a decir la verdad. ¡La que puso el celular en tu bolsa no fue otra que tu mejor amiga, Otilia…!
—¡Le di dos mil pesos…!
—Te acusé de robarme el celular, ¿y qué? Fue porque te metiste conmigo…
Al escuchar que la voz de la grabación era la de la representante de exalumnos destacados que estaba en ese mismo instante en el escenario, todos en la sala se quedaron atónitos.
—¡Quién… quién está haciendo esto! —gritó Camila, desesperada—. ¡Córtenlo ya!
Los directivos llamaron rápidamente a alguien para que solucionara el problema, pero tomaría un tiempo. Mientras tanto, en la grabación apareció la voz de Otilia.
—Es verdad que ayudé a Camila a poner ese celular en tu bolsa…
—Los dos mil pesos que me dio resolvieron mi problema… ¡La amistad no vale nada, solo el dinero puede solucionar todos los problemas!
—¡Quería quitarte todo lo que tenías, y lo primero era tu novio!


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...