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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 208

—Otilia, te doy un consejo de oro: ¡usa un poco la cabeza!

En ese momento, le tocó el turno a Camila de subir a hablar como representante destacada de su generación. Se presentó, mencionó a cada uno de sus compañeros de clase que asistían a la ceremonia y, al llegar el momento de hablar de Isabella, hizo una mueca.

—Su nombre prefiero no mencionarlo. Solo espero que aprenda a ser una buena persona.

Aunque ella no lo dijo, todos sus compañeros voltearon a ver a Isabella. Y como ellos la miraban, el resto de los presentes también lo hizo.

De repente, Isabella volvió a ser el centro de atención, el blanco de todas las miradas de desprecio. Sin embargo, permaneció sentada tranquilamente en su asiento, serena y con una leve sonrisa en el rostro.

Verla así enfureció a Camila, pero al tratarse de una ceremonia importante, no pudo decir mucho más. Sacó su discurso y empezó a leer.

No había leído ni dos frases cuando el sistema de sonido de la sala empezó a hacer un ruido extraño, y luego, se escuchó una grabación.

—Te voy a decir la verdad. ¡La que puso el celular en tu bolsa no fue otra que tu mejor amiga, Otilia…!

—¡Le di dos mil pesos…!

—Te acusé de robarme el celular, ¿y qué? Fue porque te metiste conmigo…

Al escuchar que la voz de la grabación era la de la representante de exalumnos destacados que estaba en ese mismo instante en el escenario, todos en la sala se quedaron atónitos.

—¡Quién… quién está haciendo esto! —gritó Camila, desesperada—. ¡Córtenlo ya!

Los directivos llamaron rápidamente a alguien para que solucionara el problema, pero tomaría un tiempo. Mientras tanto, en la grabación apareció la voz de Otilia.

—Es verdad que ayudé a Camila a poner ese celular en tu bolsa…

—Los dos mil pesos que me dio resolvieron mi problema… ¡La amistad no vale nada, solo el dinero puede solucionar todos los problemas!

—¡Quería quitarte todo lo que tenías, y lo primero era tu novio!

Con eso, sentía que, por fin, había cerrado el capítulo de lo que pasó en aquel entonces.

Isabella se levantó para irse. El directivo de la escuela corrió tras ella, disculpándose una y otra vez por lo sucedido años atrás. Pero para Isabella, que ya se había graduado y había recorrido un largo camino en la vida, esas disculpas ya no significaban nada.

Al llegar al estacionamiento, justo cuando abría la puerta de su carro para subirse, un BMW que estaba enfrente se lanzó de repente hacia ella.

Logró esquivarlo por poco, y vio cómo el BMW le arrancaba de un golpe la puerta a su Ferrari.

El BMW se detuvo y Camila, con una expresión de odio en el rostro, se bajó del carro.

—¡La vez pasada no fue a propósito, pero esta vez sí!

***

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