En el instante en que vio a Isabella, Camila se quedó paralizada.
Observó cómo todos en la sala de juntas la trataban con un respeto inmenso, llamándola ‘señora’, y cómo ella aceptaba el título con una naturalidad pasmosa, como si de verdad lo fuera…
—Supongo que no necesito presentarme —dijo Isabella, sentándose en la silla junto a Camila y volviéndose hacia ella—. Al fin y al cabo, somos viejas compañeras, y apenas ayer nos vimos.
Camila logró esbozar una sonrisa forzada.
—Isabella, no me imaginaba que de verdad fueras la esposa del señor Crespo. Qué… qué bien, felicidades.
—Gracias —respondió Isabella con una sonrisa.
—Creo que lo que dije ayer pudo haberte dado una idea equivocada. Solo estaba bromeando.
—¿Qué dijiste ayer?
—Yo…
Camila estaba a punto de hablar cuando recordó que no estaban solas. Lo que dijera podría convertirse en prueba de que había filtrado secretos de la empresa.
—No dije nada, en serio. Te lo estás imaginando.
Isabella negó con la cabeza, divertida, y reprodujo un video.
Era la escena de ayer frente a su casa, donde Camila proclamaba a los cuatro vientos que si Isabella era la señora de Grupo Crespo, ella renunciaría a su trabajo.
—Solo… solo lo decía de juego.
—¿Así que tus palabras no valen nada?
—…
Isabella no le dio importancia y continuó con el video. La siguiente parte mostraba cómo le exigía a la familia Ibáñez los seiscientos mil pesos a cambio de entregarles los diseños y presupuestos de la competencia.
La cámara de seguridad de su casa lo había grabado todo, con una imagen y un sonido tan nítidos que no dejaban lugar a dudas.
Camila se quedó helada. Los demás compañeros, al oír aquello, se enfurecieron.
El proyecto en el que tanto habían trabajado casi se iba a la basura por su culpa.
—Camila, ¿tienes idea del daño que le habrías causado a la empresa?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...