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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 227

En el instante en que vio a Isabella, Camila se quedó paralizada.

Observó cómo todos en la sala de juntas la trataban con un respeto inmenso, llamándola ‘señora’, y cómo ella aceptaba el título con una naturalidad pasmosa, como si de verdad lo fuera…

—Supongo que no necesito presentarme —dijo Isabella, sentándose en la silla junto a Camila y volviéndose hacia ella—. Al fin y al cabo, somos viejas compañeras, y apenas ayer nos vimos.

Camila logró esbozar una sonrisa forzada.

—Isabella, no me imaginaba que de verdad fueras la esposa del señor Crespo. Qué… qué bien, felicidades.

—Gracias —respondió Isabella con una sonrisa.

—Creo que lo que dije ayer pudo haberte dado una idea equivocada. Solo estaba bromeando.

—¿Qué dijiste ayer?

—Yo…

Camila estaba a punto de hablar cuando recordó que no estaban solas. Lo que dijera podría convertirse en prueba de que había filtrado secretos de la empresa.

—No dije nada, en serio. Te lo estás imaginando.

Isabella negó con la cabeza, divertida, y reprodujo un video.

Era la escena de ayer frente a su casa, donde Camila proclamaba a los cuatro vientos que si Isabella era la señora de Grupo Crespo, ella renunciaría a su trabajo.

—Solo… solo lo decía de juego.

—¿Así que tus palabras no valen nada?

—…

Isabella no le dio importancia y continuó con el video. La siguiente parte mostraba cómo le exigía a la familia Ibáñez los seiscientos mil pesos a cambio de entregarles los diseños y presupuestos de la competencia.

La cámara de seguridad de su casa lo había grabado todo, con una imagen y un sonido tan nítidos que no dejaban lugar a dudas.

Camila se quedó helada. Los demás compañeros, al oír aquello, se enfurecieron.

El proyecto en el que tanto habían trabajado casi se iba a la basura por su culpa.

—Camila, ¿tienes idea del daño que le habrías causado a la empresa?

—¡Isabella!

—Camila, te la estoy dejando barata. Comparado con lo que me hiciste en el pasado, esto no es ni la tercera parte de lo que te mereces.

Si no fuera porque no quería preocupar a Elías, tenía mil maneras de hacer que Camila se arrodillara ante él a pedirle perdón.

—Recoge tus cosas y lárgate de Bienes Raíces Crespo ahora mismo.

Al recordar lo que le había hecho a Isabella en el pasado, un escalofrío recorrió a Camila. No se atrevió a decir nada más. Se levantó y se dirigió a la salida.

Pero al llegar a la puerta, Isabella la detuvo. Camila se giró y la vio haciéndole un gesto de silencio con el dedo en los labios.

—No le digas nada a Otilia ni a los Ibáñez. Me estoy divirtiendo y no quiero que el juego termine tan pronto, ¿entiendes?

¿Juego?

Camila tragó saliva. ¿Así que todo este tiempo los había estado manipulando?

***

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