Carolina había estado provocando a Isabella todo el tiempo, sin prestarle la más mínima atención a Otilia, por lo que el ataque la tomó completamente por sorpresa.
Sin embargo, su reacción fue igual de rápida. Mientras los demás seguían atónitos, ella ya había tomado su propia taza y le había lanzado el café de vuelta.
—¿Y tú quién te crees para meterte conmigo?
—¡Tú! —Otilia temblaba de rabia—. ¡Estás en mi casa, coqueteando con mi esposo en mi cara y encima me avientas café…!
La furia de Carolina estalló y, sin dejar que Otilia terminara, gritó:
—¡Gabriel!
El grito sobresaltó a Gabriel, quien, a pesar de la molestia que cruzó por sus ojos, se levantó de inmediato, sacó un pañuelo y comenzó a limpiarle la cara a Carolina.
—La señorita Flores es una invitada importante. ¡Te pasaste de la raya, discúlpate ahora mismo! —le espetó a Otilia mientras atendía a Carolina.
Otilia lo miró, incrédula.
—¿Quieres que me disculpe con ella?
—¡Porque tú tuviste la culpa!
—¡Ella puso los pies encima de…!
—¡Suficiente! ¡No es asunto tuyo cómo nos tratemos la señorita Flores y yo!
—¡Soy tu esposa!
—¿Y a ti, se te puede llamar así?
Al escuchar eso, Otilia se tambaleó y las lágrimas brotaron de sus ojos, una mezcla de ira y humillación.
Diana salió con dos platos de bocadillos justo a tiempo para ver lo que había pasado. Primero, le lanzó una mirada fulminante a Otilia y luego, sonriendo, se disculpó con Carolina.
—Ella no sabe comportarse, señorita Flores, no le haga caso.
Carolina la miró con dureza y apartó la mano de Gabriel de un manotazo.
—Justo hoy venía a hablar con Gabriel sobre el proyecto del Grupo Crespo, pero creo que mejor lo dejamos para otro día.
Dicho esto, Carolina hizo ademán de irse.
—¡Ese proyecto es muy importante para el Grupo Triunfo, tenemos que hablarlo, por supuesto que sí! —Diana se apresuró a detenerla.
—Pero ya no estoy de humor —replicó Carolina con desdén.
—¡Discúlpate de una vez! ¡Si la señorita Flores no te perdona, te largas de la familia Ibáñez! —la amenazó Diana, dándole un último empujón.
Justo en ese momento, Casandra Soto regresó.
—¡¿Qué están haciendo?! —gritó al ver la escena y corrió hacia su hija—. ¿Qué pasó? ¿Por qué lloras?
Al ver a Casandra, Otilia rompió en un llanto desconsolado.
—¡Mamá!
Otilia le contó todo entre sollozos. La furia de Casandra se encendió y se lanzó contra Carolina.
—¡Mocosa insolente! ¿Te atreves a meterte con mi hija?
Al verla venir, Diana y Gabriel intentaron detenerla, pero la fuerza bruta de Casandra era imparable y los apartó de un empujón. Carolina, aunque no conocía la capacidad de lucha de Casandra, retrocedió instintivamente al ver su ferocidad, pero no pudo evitar que la agarrara del pelo y le diera dos bofetadas bien puestas.
—¡Dios mío, va a arruinarlo todo! ¡Gabriel, detenla! —gritaba Diana, desesperada.
Gabriel, al ver a Carolina despeinada y golpeada, supo que estaba en problemas y corrió a jalar a Casandra. Pero la mujer tenía la fuerza de un toro; no solo no la movió, sino que se ganó una bofetada.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...