—El vestido de dama de honor que te preparó… en realidad, le cortó el tirante del hombro. Solo lo dejó unido por unos hilos finos. Durante la ceremonia, delante de todos, ella te pisará la cola del vestido y entonces…
Entonces, quedaría expuesta.
Con tanta gente mirando, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, y todos del círculo de negocios, ¿cómo podría volver a negociar con ellos cara a cara?
Perdería la reputación y el futuro. La jugada no era precisamente brillante, pero sí era bastante cruel.
Isabella se giró para mirar el tirante. Efectivamente, estaba cortado.
—En cuanto a vileza, la verdad es que no le llego ni a los talones.
***
La boda se celebraba en un lujoso salón de eventos. Los invitados ya estaban sentados.
Isabella, como dama de honor, cumplió con su papel de manera impecable: ayudó a Otilia con el maquillaje, la calmó, coordinó el trabajo de los padrinos y damas. Estaba ocupadísima.
—¡Anda, esa mujer también vino!
Una de las damas de honor, que también era compañera suya y de Otilia en la universidad, le dio un codazo a Isabella.
Isabella miró hacia afuera y vio a Carolina sentada en una de las mesas principales, charlando con Diana. Ambas parecían muy cercanas y radiantes.
Los demás en el camerino también la vieron y confirmaron que era la mujer que se había acostado con Gabriel la noche anterior. Inmediatamente, empezaron los cuchicheos.
Era imposible que Otilia no se enterara. Contuvo su ira una y otra vez, hasta que finalmente, cuando Isabella dijo: «Esta mujer no habrá venido a arruinar la boda, ¿verdad?», no pudo más.
Con la excusa de que estaba cansada y quería estar sola un rato, pidió a las damas que salieran. Luego, llamó a Gabriel a su camerino.
Pronto, se oyeron gritos desde dentro.
Isabella sintió que era el momento oportuno. Encontró a un mesero y le pidió que buscara a Carolina.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...