Jairo había bebido mucho. Su aliento, mezclado con el aroma del alcohol, era como una marea primaveral que la inundó por completo. Ella solo pudo aferrarse a él, hundiéndose en su océano, luchando, esperando a que él la rescatara.
Él la levantó, subiendo el dobladillo de su elegante vestido, sosteniéndola con ambas manos, pegándola a él, tan cerca, tan íntimamente.
Su corazón latía desbocado por él, y él le robaba el aliento.
Estaba a punto de asfixiarse.
—Esposo…
—Tranquila, desabróchate tú misma.
Como si hubiera perdido la voluntad, obedeció e intentó desabrochar los botones de su vestido. Pero eran botones de nudo y no podía soltarlos, así que, frustrada, comenzó a llorar.
—No llores.
—No puedo desabrocharlos.
—¿Quieres que te ayude?
—Sí.
—¿Qué tienes que decir?
—Esposo, quiero que… me ayudes.
—De acuerdo.
La sentó sobre un mueble, dejándola reclinada en su regazo. Mientras la besaba con intensidad, comenzó a desabrochar los complicados botones. No tenía prisa, pero su deseo era feroz, implacable.
A medida que los botones se abrían uno a uno, un nuevo paisaje se reveló ante él, dejándolo completamente cautivado.
—Cariño, qué hermosa eres.
Apoyada en su pecho, ella se mostró sin timidez, en todo su esplendor.
Quería que él se sintiera fascinado por ella, que perdiera el control, que enloqueciera…
—¿Me deseas?
—Sí.
—Entonces soy toda tuya.
Los ojos de Jairo se tiñeron de un rojo intenso. Dejó escapar un suspiro profundo y se entregó por completo.
Pero justo en ese momento, sonó su teléfono. Fingió no oírlo, pero el timbre insistió una y otra vez.
Sin más remedio, Jairo tuvo que contestar.
—Mamá, ¿qué pasó?
—¿Se desmayó? ¡Voy para allá ahora mismo!
Al oír eso, Isabella recuperó un poco la claridad y le preguntó a Jairo qué sucedía.
Jairo se acercó y le dio un beso profundo.
—Mi mamá se desmayó de repente. Tengo que ir a la casa de los Crespo.
—Voy contigo —dijo ella de inmediato.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...