Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 319

—¿Quieres que matemos a la esposa de Jairo? ¿Acaso quieres que nos maten más rápido? —dijo el hombre de la barba, apretando los puños, listo para golpear a Erick de nuevo.

—¿Y si no, qué? ¿La dejamos ir? —Erick sonrió con desdén—. Ya les vio la cara. ¿Creen que no le dirá a su esposo que los busque para ajustar cuentas?

—¡Primero te mato a ti! —El hombre de la barba agarró a Erick por el cuello.

—¡Tengo trescientos mil en esta tarjeta! —gritó Erick.

—¿Qué quieres decir?

—Tienen dos opciones: o me ayudan a matarla y se quedan con los trescientos mil, o me matan a mí y luego Jairo los mata a ustedes.

El hombre de la barba apretó los dientes, le dio un puñetazo en la cara a Erick y le arrebató la tarjeta.

—Si después no recibimos el dinero, ya sabes lo que te espera.

Erick se limpió la comisura de la boca.

—Tranquilo, ¡yo tampoco quiero morir!

Dicho esto, miró a Isabella con una expresión de triunfo en los ojos.

—¡Isabella, por fin estás en mis manos!

Isabella había estado esperando a que Erick apareciera, y finalmente lo había hecho.

—Extorsión, secuestro y homicidio. Erick, ¿piensas pasar el resto de tu vida en la cárcel?

Erick entrecerró los ojos.

—No me importa, ¡con tal de que tú mueras primero!

—¿Se te ha olvidado quién soy?

—Seguro que vas a decir que eres la esposa de Jairo, la señora de la familia Crespo. ¡Eso puede asustar a otros, pero a mí no!

—Soy Isabella.

—Ja, ¿y?

—Y por meterte conmigo, ¡estás acabado!

No solo no le había dicho que la mujer era la esposa de Jairo, sino que tampoco le había dicho que no era una florecilla delicada, sino una planta carnívora.

Erick tampoco se esperaba que Isabella pudiera escapar de varios hombres. La vida del jefe no le importaba, así que les gritó a los otros:

—¡Vayan a matarla! ¿Qué están esperando?

—¡Desgraciado! —El hombre de la barba, furioso, gritó—. ¡Primero denle una paliza a este!

Los matones, obedeciendo a su jefe, le dieron varios puñetazos a Erick.

Erick cayó al suelo y levantó la vista hacia Isabella, que lo miraba con frialdad.

—Isabella, ¿te acuerdas? Esta es tu casa.

Sonrió con malicia.

—Recuerdo que una vez vine y mi tío te tenía colgada de una cuerda, pegándote. Te dio una buena paliza. Ah, sí, la cuerda estaba atada a ese ventilador. Levanta la vista, ¿a que te acuerdas?

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido