—Cuando Francisco me pegaba, yo también me escapaba. Si lograba salir, me escondía aquí.
Jairo giró la cabeza y, al ver a Isabella todavía con su vestido de noche, no pudo evitar sonreír. Luego se miró a sí mismo: también llevaba traje. Qué más daba, por ese momento, se permitiría ser un poco imprudente.
Volvió a recostarse y miró el cielo estrellado que ella le había mostrado.
—Yo también fui a terapia, estuve en tratamiento un tiempo.
Isabella se sorprendió al oírlo.
—Ese día, me di cuenta de que mi hermana no estaba. Salí a buscarla y… vi lo que pasó.
Isabella se llevó una mano a la boca. Jairo lo había presenciado todo.
—El árbol era enorme, muy grueso. Se cayó de raíz y le cayó encima a una niña de ocho años. Ella ni siquiera supo lo que estaba pasando… y el árbol se la tragó. Solo vi… un montón de sangre.
»Corrí hacia ella con todas mis fuerzas, le grité que se quitara, pero…
—¡No fue tu culpa! —se apresuró a decir Isabella.
—Todo el mundo me dice lo mismo.
Isabella abrió la boca para consolarlo, pero supo que en ese momento cualquier palabra sería inútil, incluso podría ser hiriente.
En lugar de eso, se movió a la rama donde estaba él y se acurrucó en su pecho. Sintió cómo su cuerpo temblaba ligeramente, un temblor que solo cesó cuando lo abrazó con más fuerza.
Él le acarició el cabello, y su voz se calmó.
—Mi madre no podía aceptar que Lili nos había dejado así. Hizo muchas locuras, pero no solo se torturaba a sí misma, nos torturaba a todos, especialmente a mí. Me hacía recordar lo de ese día una y otra vez, me pedía que le dijera que Lili no estaba muerta, que solo se había escondido.
»Yo solo tenía diez años. No pude soportar esa presión y empecé a tener problemas psicológicos. Mi abuelo, para alejarme de mi madre, me mandó a estudiar al extranjero.
»Pero la verdad es que si ese día me hubiera dado cuenta antes de que Lili no estaba, si hubiera corrido más rápido, si hubiera gritado más fuerte, tal vez…
—¡No digas eso! —Isabella le tapó la boca para que no continuara—. Nadie podía prever que ese árbol se caería. ¡Además, tú también eras solo un niño!
—Mi mamá acababa de enterarse de que estaba embarazada de Lili cuando tuvo una amenaza de aborto. Para salvar el embarazo, tuvo que pasar seis meses en cama. Amaba demasiado a Lili, ella se había convertido en toda su vida, incluso más que yo. Por eso, su muerte repentina fue un golpe tan duro para mi madre, la hizo sufrir tanto que llegó a pensar en quitarse la vida.
—Se derrumbaría.
—Lo sé. Por eso solo podía limitar las veces que venía a la casona.
***
La noche se hizo más profunda. Tuvieron que bajar del árbol, y con ello, enfrentar de nuevo la realidad.
Pero para Jairo, ese breve escape había sido suficiente.
Después, él tuvo que regresar a la casona para quedarse con Marcela, e Isabella volvió a casa sola.
A la mañana siguiente, el sonido de su teléfono la despertó.
Era Leandro.
—Creo que Óscar desapareció.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...