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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 350

Al ver que Jairo y Marcela bajaban del carro, ella también se apresuró a salir.

—¡Jairo, creo que a Óscar le pasó algo! —dijo, corriendo hacia él con urgencia.

Jairo frunció el ceño.

—¿Ahora en qué lío se metió?

—¡Desapareció!

—¿Cómo que desapareció?

—Lleva una semana sin ir a la escuela y sin volver a su casa. No contesta el celular. Y mira esto.

Le entregó el papel que había encontrado en el cuarto de Óscar. Cada palabra destilaba tristeza y desesperanza.

Jairo lo leyó y su expresión se tornó sombría de inmediato.

Sacó su celular para rastrear la ubicación de Óscar y descubrió que estaba en una montaña a las afueras de la ciudad. Una montaña sin caminos ni senderos.

¿Qué estaría haciendo ahí?

Juntando las piezas —la nota que había dejado, la fantasía de que flores y hierba crecieran de su carne podrida—, la posibilidad era aterradora.

Incluso en el rostro siempre sereno de Jairo, apareció un atisbo de preocupación.

—¡Vamos para allá ahora mismo!

Se dirigía al carro de Isabella, pero Marcela lo detuvo.

—¡Jai, no puedes ir a ningún lado! Le prometimos a Lili que hoy la llevaríamos a la Montaña del Viento a ver las hojas rojas. Si se lo prometimos, tenemos que cumplirlo, ¡o Lili se va a poner triste!

Marcela hablaba de Lili con una ternura infinita en los ojos, pero Lili no era más que una imagen de inteligencia artificial en la laptop que sostenía. Óscar, en cambio, era una persona real, su propio hijo, y el hecho de que pudiera estar en peligro no le merecía ni una palabra de preocupación.

Jairo, temiendo alterarla, simplemente dijo que irían otro día.

—¡No! —exclamó Marcela, repentinamente agitada—. Lili quiere ir hoy, así que tiene que ser hoy. Tú…

—¡Óscar está en peligro! —le gritó Jairo, incapaz de contenerse más.

—¿Cómo te atreves a decir eso? ¡No mereces ser el hermano de Lili! ¡Si no hubiera sido porque no la encontraste a tiempo para salvarla, ella no habría muerto!

Jairo se detuvo en seco. Aquella frase fue como una pesada red que cayó sobre él, atrapándolo al instante.

Ni siquiera intentó luchar; simplemente se quedó ahí, inmovilizado.

Isabella, apretando los dientes, lo jaló con fuerza para liberarlo y lo empujó dentro del carro.

—La muerte de Lili no fue tu culpa. Pero si no salvas a Óscar, ¡entonces sí tendrás una responsabilidad! Porque durante todos estos años, tú también lo has ignorado. ¡Sabiendo que Marcela siempre lo ha maltratado, no lo has protegido!

»¡No solo eres el hermano de Lilia, también eres el hermano de Óscar!

Las palabras de Isabella fueron duras, pero en ese momento sentía una profunda indignación por Óscar.

Un chico tan bueno, que se esforzaba por ser amable, por ser alegre, por complacer a su familia, y a nadie le importaba…

El carro arrancó. Jairo, tras un momento de culpa y remordimiento, recuperó la compostura rápidamente y comenzó a movilizar sus contactos, desplegando una red de búsqueda para encontrar a Óscar.

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