Al tratarse de una montaña sin caminos trazados, cada paso era un desafío.
Sin detenerse a descansar, siguieron la ubicación del celular de Jairo, abriéndose paso entre la maleza que les llegaba a la cintura.
No tardaron mucho en alcanzar la cima.
A lo lejos, vieron una figura de pie al borde de un precipicio, con un pie ya suspendido en el aire.
—¡Óscar!
Jairo fue el primero en reaccionar, corriendo hacia él mientras gritaba su nombre.
Isabella corrió detrás, pero sentía que las piernas le flaqueaban.
«¡Óscar, Óscar, Óscar!».
¡No saltes! ¡No hagas una locura! Tu vida apenas comienza, ¡todavía te esperan cosas maravillosas!
El trayecto pareció interminable. Isabella sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. Por suerte, Jairo llegó a tiempo, agarró a Óscar y lo jaló hacia atrás.
Y entonces…
Entonces se dieron cuenta de que no era Óscar.
El hombre los miró, completamente desconcertado.
—¿Y ustedes quiénes son?
Acto seguido, vieron que en un claro cercano, oculto por la maleza, había varias personas. Todas vestían ropa de trabajo: uno estaba sentado detrás de una cámara, otro sostenía un reflector, otro más preparaba la utilería…
Y el hombre que acababan de arrancar del precipicio llevaba un traje de época. Isabella lo reconoció al instante: era un actor medianamente famoso.
¿Acaso… habían irrumpido en el set de una película?
—Oigan, ¿de dónde salieron ustedes? ¡Se metieron en medio de la toma! ¿Están locos o qué?
Un hombre que parecía ser el director se acercó, echando humo, pero al ver a Jairo, se quedó helado.
—¿Señor Crespo?
Aunque Jairo no era una figura pública, un video de él inspeccionando uno de los parques industriales del Grupo Crespo se había vuelto viral. Su atractivo, sumado al aura de ser el presidente del grupo, le había dado una notoriedad inesperada, y mucha gente reconocía su rostro.
Jairo se disculpó primero y luego les preguntó si habían visto a Óscar.
»¡Abran la puerta y déjenme salir!
»¿No saben quién soy? ¿No saben quién es mi hermano? ¡Están acabados!
El director miró de reojo a Jairo. Antes no lo sabía, pero ahora sí. Qué curioso, un hombre como el señor Crespo con un hermano así.
—Ejem, mejor abran la puerta —le recordó Isabella al director.
El director asintió de inmediato y le pidió a un miembro del equipo que abriera.
En cuanto la puerta se abrió, una sombra pasó a toda velocidad. Nadie pudo reaccionar, pero Jairo, con una precisión asombrosa, lo atrapó.
—¡Idiota, suéltame! ¿Quieres morir o qué… ¡hip!…!
Óscar, a media maldición, reconoció a quien lo sujetaba. La sorpresa fue tal que le dio un ataque de hipo.
—¿Hermano?
Jairo entrecerró los ojos, examinando al Óscar que tenía delante.
Llevaba una blusa roja de seda bordada con hilo de oro y una falda larga de color azul claro. Eso, combinado con su cabello, que ya le pasaba de los hombros pero estaba hecho un nido de pájaros, y su rostro, de por sí fino y pálido, le daba el aspecto de una chica de alguna tribu urbana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...