—Cuando lo encontramos, estaba escondido en el camerino con la ropa que teníamos preparada para la actriz —explicó el director.
O sea, un extra hombre, escondido en el camerino de las mujeres y usando ropa de actriz. ¿Qué más podía ser sino un pervertido?
—Al principio pensé que era mujer. Hasta le pedí que me ayudara a atarme el corsé. En cuanto habló, me di cuenta de que era hombre y pegué un grito que se oyó en todo el set —añadió la actriz que lo había descubierto, a quien el director seguramente había mandado llamar.
—De verdad que no queríamos molestarle, señor Crespo. Nosotros… nosotros no sabíamos. Le pedimos una disculpa —dijo el director, haciendo que la actriz se disculpara también con Jairo.
Óscar les lanzó una mirada fulminante, pero al ver la cara de pocos amigos de Jairo, no se atrevió a decir nada más.
—Es que… me pareció que la ropa era bonita y me la quería probar. No sabía que ella iba a entrar a cambiarse, y pues… pasó lo que pasó —explicó en voz baja.
Isabella, viendo que Jairo seguía con el ceño fruncido, intervino para calmar las aguas.
—Bueno, parece que todo fue un malentendido. Con su permiso, nos lo llevamos —le dijo al director, y luego le hizo una seña a Óscar para que se fuera a cambiar.
—¡Me quitaron mi ropa! —se quejó Óscar, indignado.
El director se dio una palmada en la frente y ordenó que se la devolvieran de inmediato.
Poco después, Óscar salió ya con su ropa. Había pasado de ser una delicada damisela de época a un adolescente guapo y muy a la moda.
—Bueno, pues… vámonos.
Isabella, temiendo que Jairo fuera a golpear a Óscar delante de todos, lo empujó para que caminara primero, con Óscar siguiéndolos.
Durante todo el camino de bajada, Jairo no dijo ni una palabra.
No fue hasta que llegaron al carro que volvió a examinar a Óscar de pies a cabeza y se sentó en el asiento del conductor.
Isabella metió a Óscar en el asiento trasero. Una vez que el carro arrancó, le preguntó en voz baja por qué se le había ocurrido meterse de extra y faltar a la escuela.
—Es… es el equipo de Floriana —confesó, cabizbajo.
Isabella lo entendió todo al instante. El equipo de filmación era el de Floriana, pero ella se había tomado unos días libres. Seguramente Óscar se enteró después de haberse unido al rodaje. Quiso esperarla, pero lo descubrieron antes.
No pudo evitar pensar: ¡ay, lo que hace el amor!
—¿Y entonces qué significa esta carta de despedida? —le preguntó Isabella, mostrándole el papel.
Óscar lo miró y soltó una risita nerviosa.
—Bájate —ordenó Jairo, saliendo primero del carro.
Óscar, aterrorizado, casi se pone a llorar.
—Ya valió. Mi hermano me va a golpear aquí mismo.
Isabella bajó primero, pensando en intentar calmar a Jairo, pero lo vio detenerse frente a una peluquería de barrio.
¿Qué pretendía hacer?
Jairo sacó a rastras a un Óscar que se resistía a bajar. No lo golpeó, pero lo metió a empujones en la peluquería.
La peluquera, una mujer, los miró extrañada. Por su apariencia, no parecían el tipo de clientela que frecuentaba su establecimiento.
—¿En qué les puedo ayudar?
Jairo empujó a Óscar hacia ella.
—Quítale este nido de pájaros que tiene en la cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...