Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 353

—¡Quien se atreva a tocarme el pelo se las verá conmigo!

Óscar se cubrió la cabeza y trató de salir corriendo. Jairo lo agarró por el cuello de la camisa, lo sentó de un empujón en la silla y le lanzó una mirada a la peluquera.

La mujer, todavía confundida pero entendiendo la orden, se acercó con las tijeras. Justo cuando iba a cortar, del nido de pájaros salió un chillido desgarrador.

—¡Nooooo! ¡Aaaah!

El grito asustó tanto a la peluquera que dio dos pasos hacia atrás por instinto.

—¿Por qué no lo discuten un poco más con el muchacho?

A Isabella también le pareció que Jairo estaba siendo demasiado brusco. Estaba a punto de intervenir cuando él le arrebató las tijeras a la mujer y, sin más, ¡zas!, cortó un mechón justo en la coronilla.

El nido de pájaros ahora tenía un agujero…

Los gritos de Óscar cesaron de golpe. Se miró al espejo, vio su cabello arruinado sin remedio, y sus labios empezaron a temblar violentamente mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.

Jairo le devolvió las tijeras a la peluquera.

—Rápalo.

La mujer no daba crédito.

—¿Eh?

—Que no le quede ni un pelo.

—…

Óscar reaccionó y volvió a gritar.

—¡No quiero quedar pelón!

—¡Es lo que hay!

—¡Hermano, ya entendí, perdóname!

—Pelón o a rape, ¿qué prefieres?

—¡A rape!

Jairo se dirigió de inmediato a la peluquera.

—Ya lo oíste, está de acuerdo. Córtaselo a rape.

Óscar, dándose cuenta tarde de que había caído en la trampa, gritó:

—¡Tampoco quiero a rape!

—Demasiado tarde.

Y era verdad. Con el tijeretazo que le había dado Jairo, las únicas opciones eran pelón o a rape. Cualquier otro corte dejaría un hoyo en medio.

Todo el proceso se llevó a cabo entre las lágrimas silenciosas de Óscar. Cuando terminaron, la peluquera, conmovida, le metió dos dulces en la mano.

Jairo había salido a contestar una llamada. Isabella le secó las lágrimas a Óscar.

—La verdad, te ves muy bien —le dijo, dándole un refuerzo positivo.

Al salir de la peluquería, escucharon a Jairo decir eso por teléfono.

Terminó la llamada y se acercó.

—Tengo una emergencia, tomen un taxi para volver.

Le hizo un gesto a Isabella y se dio la vuelta para irse.

—¿Le pasó algo a mamá? ¿Qué tiene? ¿Es grave? —preguntó Óscar, preocupado.

Jairo respiró hondo.

—No es nada. Mejor regresa a la escuela.

—¡Quiero ir contigo a casa!

—¡No es necesario!

—¡Mamá no es solo tuya! ¡Si tú te preocupas, yo también!

Una sombra de dolor cruzó los ojos de Jairo. Le dio una palmada en la nuca a Óscar.

—Anda, vamos juntos a casa.

***

Era la primera vez que Isabella iba a la mansión de los Crespo en Villa La Luna Plateada.

Según le contó Jairo, se habían mudado allí desde la vieja casona. Luego él se fue al extranjero y, al volver, se instaló directamente en el departamento del centro. Óscar, desde la preparatoria, vivía en la escuela por órdenes de su abuelo, y en la universidad también rentaba un lugar. Hace un año, el abuelo se había ido de viaje por el mundo, así que ahora solo Marcela vivía en la casa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido