La compañera de Leandro se había tomado la molestia de ayudar, e incluso había recibido una bofetada en el proceso. Aunque ella insistía en que no pasaba nada, Isabella se sentía en deuda, así que la invitó a cenar como agradecimiento.
Leandro la esperó a la salida del instituto de investigación y la trajo al restaurante.
—De verdad, no tenían que molestarse. Si no fuera por el dinero que la señora me dio en aquel entonces para pagar mi colegiatura, probablemente ahora estaría de vuelta en mi pueblo, trabajando la tierra.
La chica se llamaba Matilde Morales. Después de terminar su maestría, consiguió un trabajo en un instituto de investigación biomédica. Al recordar lo de aquellos años, todavía se emocionaba, y su rostro reflejaba una profunda gratitud.
—Mi mamá te pagó por actuar en esa escena conmigo. Era lo justo —dijo Leandro.
Pero Matilde negó con la cabeza.
—Habíamos acordado dos mil pesos, pero cuando la señora se enteró de que aún no había juntado suficiente para la colegiatura y que ni siquiera tenía para mis gastos, me dio diez mil. Ese dinero me cayó del cielo y me permitió terminar mis estudios.
Así que era por eso. Con razón, cuando Leandro la contactó, aceptó ayudarlos sin dudarlo.
Isabella le agradeció a Matilde y luego le preguntó:
—Cuando mi mamá te pidió que te hicieras pasar por mí, ¿te dijo por qué?
Aunque ya se lo imaginaba, quería escuchar lo que su madre había dicho.
Matilde miró a Isabella y asintió con firmeza.
—La señora dijo que su vida había sido arruinada por la familia Méndez y temía que también arruinaran la vida de su hija. Por eso me buscó, para que yo me hiciera pasar por su hija y desviara la atención de los Méndez. Pero también me dijo que solo sería temporal, y que esperaba que para entonces su hija ya hubiera visto cómo eran en realidad los Méndez y no se dejara engañar por ellos.
Isabella sintió un nudo en la garganta. Ahora entendía mucho mejor por qué su madre se había opuesto tan rotundamente a que estudiara en la Universidad de Nublario.
—Ese día acompañé a la señora a ver a esa mujer. La mujer la trató con una arrogancia terrible, le dijo muchas cosas humillantes, y la señora no respondió ni una palabra. Al final, incluso… incluso se arrodilló frente a ella —recordó Matilde con un suspiro.
Isabella frunció el ceño.
—¿Por qué mi mamá se arrodilló ante ella?
Al llegar a casa, Isabella reflexionó mucho. No debía permitir que su madre se preocupara por ella, ni siquiera en el más allá. Decidió que se alejaría de la familia Méndez. Sin importar qué nueva artimaña intentaran, simplemente haría como si no los viera ni los escuchara, los ignoraría por completo.
Una vez que tomó esa decisión, se sintió mucho más tranquila.
Esa noche se quedó en la casa de los Domínguez, mientras que Jairo estaba en Villa La Luna Plateada.
El estado mental de la señora Crespo seguía siendo inestable, y Jairo necesitaba pasar más tiempo con ella.
Isabella le envió un mensaje:
[¿Oyes que tocan a la puerta?]
Jairo: [?]
Isabella: [Es mi corazón, que ya llegó a tu casa. Ábrele para que entre.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...