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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 430

—Yo... de verdad que no sabía con quién me metía. No... no la reconocí, señora Crespo —se apresuró a decir David, levantándose mientras aguantaba el dolor—. Lo de antes... fue un malentendido. Me lo merecía, si quiere seguir pateándome, adelante, le juro que no me moveré.

Isabella resopló con desdén y, sin hacerles caso, continuó hacia el interior.

Mientras la veía alejarse, la mirada de Ivana se afiló y sus puños se cerraron con fuerza. ¡Así que era ella! Incluso ahora, le costaba creer que la hija de Aurora fuera Isabella.

Había perdido tantas veces contra ella que Ivana ya no quería volver a enfrentarla.

Pero ahora... Ivana apretó los dientes. No le quedaba más remedio que jugar sucio.

***

Al entrar en la sala de exposiciones, la mirada de Isabella se suavizó al contemplar las pinturas. Eran las obras de su madre. Se la imaginaba pintando cada lienzo, radiante, completamente inmersa en su pasión, con el corazón rebosante de alegría.

Después de aquello, su madre nunca volvió a tomar un pincel. Quizás porque nunca recuperó esa sensación de amor puro por el arte, o quizás porque su vida nunca volvió a tener momentos tan hermosos.

Observó atardeceres, puestas de sol, paisajes de lagos y montañas... y entonces vio el cuadro acusado de plagio. Colgaba de manera discordante, retratando un bosque de abedules en otoño.

No era experta en arte, pero simplemente sentía que esa pintura no era de su madre. El ambiente, la sensación... no encajaban.

El cuadro había atraído a una multitud, pero no estaban allí para admirarlo, sino para alimentar el morbo del escándalo de plagio que habían visto en internet.

—La verdad es que se parecen mucho. La composición, la luz, la paleta de colores... son casi idénticos.

—Y yo que pensaba que esta tal Aurora era una genio desconocida. Resulta que no es más que una plagiadora.

—A lo mejor sus otras pinturas también son copias.

—Y Rafael le organiza una exposición. Qué poca integridad la suya.

Isabella escuchaba los comentarios mientras miraba hacia el interior de la sala, donde vio a Rafael rodeado de gente.

Al ser una celebridad, muchos se agolpaban a su alrededor para pedirle fotos y autógrafos. Se le veía agotado, pero aun así, no dejaba de mirar hacia la entrada, buscando a alguien.

Cuando por fin logró despachar a ese grupo de admiradores, Rafael pudo tomar un respiro. Fue entonces cuando Isabella se acercó a él.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque...

Estaba a punto de revelarle que ella era la hija de Aurora cuando un grupo de personas irrumpió en la galería. Entraron con actitud amenazante, pateando una vitrina. Después de que los invitados se apartaran asustados, comenzaron a destruir las pinturas de las paredes.

—¡Cómo se atreven a hacerle una exposición a una plagiadora!

—¡Apoyemos a los artistas originales, no a los copiones!

—¡Vamos a destruir todas sus obras! ¡Esto no merece llamarse arte!

Isabella vio cómo el líder del grupo, un joven, arrancaba un cuadro de la pared. Corrió para intentar proteger la obra, pero justo cuando llegaba, el hombre arrojó el cuadro con todo y marco al suelo y lo pisoteó.

Una pintura de un amanecer en el mar quedó con un agujero en el centro, completamente arruinada.

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