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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 434

¡Zas!

El eco de la bofetada resonó en toda la sala de exposiciones, justo cuando los últimos invitados estaban siendo desalojados.

—¡Isabella! ¿Cómo te atreves a golpear a mi madre?

Adriana se abalanzó sobre ella, pero al instante siguiente, recibió también una sonora bofetada de Isabella.

—Seguro estabas al tanto de todo lo que hizo tu madre, ¡y hasta es posible que hayas participado en algunas de sus maquinaciones!

—Me pegaste, tú...

—¡Deberían agradecer que solo les di un par de bofetadas!

Adriana, fuera de sí, intentó lanzarse contra Isabella, pero un grito de Rafael la detuvo en seco.

—¡Basta ya! ¡Eres igual que tu madre!

El grito hizo que los ojos de Adriana se llenaran de lágrimas. Miró a Rafael, incrédula.

—Papá, ¿cómo puedes defenderla a ella?

Rafael respiró hondo, ignorando a Adriana, y se dirigió a Isabella.

—Bella, por favor, ven a casa conmigo. Tengo tantas cosas que decirte.

—No —respondió Isabella con frialdad—. Tu casa no es mi casa. No lo fue antes, no lo es ahora y nunca lo será.

Tras decir esto, ignoró la mirada suplicante de Rafael y se dio la vuelta para marcharse con decisión.

No había caminado mucho cuando escuchó la risa exagerada de Adriana a sus espaldas.

«¿Acaso la bofetada la volvió loca?», pensó.

***

Después de dejar al profesor Castillo en su casa, Isabella y Leandro fueron al cementerio a visitar la tumba de su madre.

No hacía falta conectarse a internet para saber que el escándalo de ese día ya era la comidilla de todos y que el nombre de su madre volvería a estar en el ojo del huracán.

Al salir del cementerio, Isabella dejó a Leandro en la universidad y fue a casa a preparar la cena. Guardó la comida en unos recipientes y se dirigió al hospital.

Hacía cinco días que no veía a Jairo. Ambos habían estado ocupados y habían decidido darse un tiempo para reevaluar su relación.

Pero lo extrañaba, así que no pudo evitar el deseo de ir a verlo.

Al llegar al hospital, se asomó por la ventana de la habitación y vio a Marcela sentada en la cama con las piernas cruzadas, balanceando la cabeza y murmurando para sí misma.

Debido a sus problemas mentales, el incidente en el que atropelló a Matilde se resolvió con una compensación económica para Matilde y la hospitalización de Marcela para recibir tratamiento.

A raíz de ese suceso, Marcela había sufrido un colapso nervioso y no se sabía cuándo podría recuperarse.

Jairo no estaba en la habitación. Isabella pensó en bajar a buscarlo, pero al llegar a los elevadores, escuchó voces provenientes de las escaleras de servicio.

—Jairo, seguro no lo sabes. Isabella también es una Méndez. ¡Es hija de mi padre! Odias a los Méndez, así que deberías odiarla a ella más que a nadie. Fue por culpa de esa intrusa que la puerta trasera de nuestra casa quedó abierta ese día. ¡Lilia salió corriendo a buscar una pinza para el pelo que se le había caído a ella!

»¡Ella es la verdadera asesina de Lilia!

Era la voz de Adriana.

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