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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 451

—¿Quién tiene dos vidas, tío? ¿Acaso me perdonaste la mía?

Jairo miró a Leonardo con una sonrisa helada.

Leonardo juntó las manos. —Te pido perdón. ¡Te juro que no volverá a pasar!

—¿Todavía piensas en un «después»?

—¡No, no!

Jairo bajó la mirada un momento. Al volver a levantarla, su expresión era mucho más afilada.

—Sé que te engatusó Víctor Crespo. Él es quien realmente quería matarme, pero la idea no fue suya, ¿verdad?

—Bueno…

—¿Quién fue?

Leonardo apretó los labios, dudando.

Jairo esbozó una sonrisa torcida y sacó su celular para hacer una videollamada. La otra persona contestó de inmediato. Le mostró la pantalla a Leonardo.

Al otro lado se veía el almacén donde se escondía Víctor, ahora envuelto en llamas voraces. Parecía que la estructura podía colapsar en cualquier momento.

—¡Fue… fue Julen Méndez!

Al oír ese nombre, Isabella Quintero levantó la cabeza, atónita. No podía creer que Julen, el mismo que quería casar a su nieta con Jairo, fuera también quien intentara matarlo. ¿Acaso era de los que piensan «si no es mío, no será de nadie»?

—Jai, tu primo ya te odiaba por haberle quitado todo lo que consideraba suyo. Julen solo tuvo que echarle un poco de leña al fuego para que perdiera la cabeza. Yo creí que solo quería causarte una molestia, desquitarse un poco. Jamás pensé que mandaría un tráiler a arrollarte. ¡Si lo hubiera sabido, te juro que lo habría detenido! —Leonardo parecía genuinamente arrepentido.

Apenas terminó de hablar, se escuchó un estruendo al otro lado del teléfono. El almacén se derrumbó, lanzando chispas al cielo mientras el fuego lo devoraba todo.

Leonardo se quedó paralizado al ver la escena.

—¡Víctor! ¡Víctor!

—¡Mi hijo! ¡Mi hijo! —gritó Belén Crespo, desplomándose en el suelo.

Tras el shock inicial, Leonardo se giró hacia Jairo, furioso.

—¿Qué?

Jairo bufó. —Parece que mi primo fue una rata en su vida pasada. Se pasó tres años cavando un túnel para escapar. Lo he pensado bien, y creo que le di demasiada libertad y espacio. Así que he decidido encerrarlo en un edificio, con las puertas y ventanas selladas con barras de acero. Dudo que esta rata pueda roer el metal, ¿o sí?

—Tú… tú… ¡Tu primo no es un criminal!

—Si se atreve a escapar de nuevo, lo encerraré en el sótano.

—Tú… ¡eso es ilegal!

—¿Y que él incitara a alguien a atropellarme no es ilegal?

—Pero…

—¿O prefieres que lo mande a la cárcel?

Leonardo se quedó callado. Su sobrino era capaz de cualquier cosa, no le importaban los lazos familiares. Realmente era capaz de hacer algo así.

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