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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 458

En ese instante, Marcela finalmente reaccionó y pisó el freno a fondo. Pero la velocidad era demasiada, y el carro siguió avanzando sin control hacia el autobús.

El rostro de Isabella se puso pálido. El impacto era inminente.

En el último segundo, el conductor del autobús los vio y frenó de golpe.

Aun así, su carro chocó contra la parte delantera del autobús con un fuerte estruendo.

Por instinto, Isabella jaló a Marcela hacia ella, evitando que se golpeara la cabeza con la fuerza del impacto.

El carro se detuvo. Ambas estaban heridas, aunque de distinta gravedad.

Isabella, sin prestarle más atención a Marcela, salió del carro a duras penas. La alegría de haber sobrevivido la hizo reír, pero inmediatamente después, sus piernas cedieron y cayó al suelo.

Todo se volvió negro. Tumbada en el asfalto, una profunda sensación de impotencia la invadió.

***

Cuando recuperó la conciencia, estaba en una habitación VIP de un hospital.

—Señora Crespo, ¿ya despertó?

Era una enfermera, que estaba cambiándole el suero.

Isabella recorrió la habitación con la mirada. Aparte de la enfermera, no había nadie más. Supuso que Jairo estaría con Marcela; seguramente ella estaba más grave.

Podría preguntarle a la enfermera por el estado de Marcela, pero decidió que no quería saberlo.

Era la segunda vez que Marcela intentaba matarla. Aunque estuviera enferma, no podía seguir soportándolo.

***

Jairo no apareció hasta la noche. Tenía el ceño fruncido y una expresión de agotamiento. Se acercó a la cama y se inclinó para abrazarla.

—Lo siento.

Isabella lo apartó y giró la cara. —La próxima vez, o la que sigue, tendrás que ir a decírmelo a mi tumba.

El ceño de Jairo se frunció aún más. —¡No habrá una próxima vez!

—¿Puedes asegurarlo?

—Claro que…

—¡A menos que ates a tu madre con una cuerda por el resto de su vida!

—Si no encontramos una solución, entonces…

—¡No termines esa frase! —la interrumpió, casi en un gruñido.

Los labios de Isabella temblaron. Le dolía el corazón como si se lo estuvieran partiendo, pero seguir así no tenía sentido.

—Jairo…

—Tengo que ir a la comisaría. —Al ver la determinación en los ojos de Isabella, la interrumpió de nuevo, presa del pánico, y salió de la habitación a grandes zancadas, como si estuviera huyendo.

E Isabella, al final, no dijo nada más. A ella también le dolía demasiado dejarlo ir.

***

Un rato después, el médico vino a revisarla.

Le dijo que solo tenía heridas superficiales, nada grave, pero que aun así debía cuidarse.

—Sobre todo durante los tres primeros meses de embarazo, es fundamental que mantenga un buen estado de ánimo.

Isabella se quedó helada. —Doctor, ¿dijo que… que estoy embarazada?

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