Estaba de ocho semanas. Y eran gemelos.
Isabella se quedó sin palabras durante un buen rato, asimilando la noticia. Estaba embarazada.
Ella, a quien los médicos le habían dicho que era prácticamente imposible que concibiera, estaba embarazada. Y justo en este momento.
Se recostó en la cama, sin saber si alegrarse o maldecir al destino por su cruel ironía.
Tenía la mente hecha un lío y necesitaba tiempo para procesarlo todo. Le pidió al médico que no le contara a nadie sobre el embarazo, ni siquiera a Jairo.
***
—¡Isabella! ¡Sal de ahí! ¡Voy a matarte! ¡Voy a vengar a mi hija!
De repente, se escuchó un alboroto afuera. Isabella frunció el ceño y se acercó a la puerta de su habitación. Vio a Marcela, vestida con una bata de hospital y con la cabeza vendada, buscándola frenéticamente de habitación en habitación.
—¡Dónde estás! ¡Te voy a matar! ¡Dónde estás!
Estaba claro que su locura había empeorado; había perdido por completo la razón.
Los médicos y enfermeras intentaban detenerla, pero ella los apartaba con violencia.
—¡Quítense! ¡Largo de aquí!
En ese momento, vio a Isabella de pie en la puerta. Su expresión se endureció y corrió hacia ella.
—¡Isabella!
Isabella frunció el ceño. Mirando a la desquiciada Marcela, no sabía qué sentir. ¿Odio? Estaba loca. Su odio no significaría nada para una persona en su estado.
Por suerte, Jairo e Iván llegaron a tiempo y sujetaron a Marcela, que, en su delirio, ni siquiera los reconoció.
—¡Suéltenme! ¡No van a matarme! ¡Demonios!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...