—Dijo que no se iba con ningún arrepentimiento.
El amanecer de esa mañana fue, en efecto, hermoso. Despidieron a Iván justo cuando el sol comenzaba a asomarse en el horizonte.
Tras el funeral de Iván, el estado mental de Marcela empeoró drásticamente.
Cristian ya había contactado a un hospital en el extranjero, con la intención de llevar a su hija para un tratamiento a largo plazo.
Pero justo en ese momento, llegó otra noticia devastadora.
Óscar… estaba muerto.
Esta vez no necesitaron ir a identificar el cuerpo; su identidad ya había sido confirmada.
Tenían que volar a Valenciora, donde la policía local les informaría sobre la causa de la muerte.
Isabella acompañó a Jairo. Ambos deseaban con todas sus fuerzas que fuera como la última vez: un simple trámite para descubrir que el cuerpo no era el de Óscar.
Aferrándose a esa pequeña esperanza, lo primero que pidieron al llegar a la comisaría fue ver el cuerpo, pero un oficial los detuvo.
Les mostró las pertenencias de Óscar y les pidió que las identificaran primero.
Estaba su cartera, con su identificación y tarjetas bancarias. También un celular, que era el suyo aunque con un número nuevo, y una chamarra rompevientos negra, en cuya espalda Óscar había pintado varias florecitas.
Eran sus cosas, pero eso no probaba nada.
—Por favor, siéntense —dijo el oficial, pidiéndole a un colega que les trajera agua.
—La víctima llegó a nuestra ciudad con la intención de cruzar ilegalmente al extranjero.
Jairo soltó una risa seca.
—Si quería viajar al extranjero, podía hacerlo legalmente. ¿Por qué iba a necesitar cruzar de forma ilegal?
—Porque fue engañado por una banda criminal.
—¿Qué quiere decir?
—Al parecer, su hermano hizo algunas búsquedas en internet y este grupo lo contactó.
—¿Qué tipo de búsquedas?
—Sobre… cambio de sexo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...