De repente, algo hizo clic en su mente. Llamó a Facundo de inmediato.
—Jairo… fue a buscar a esos asesinos, ¿verdad?
Recordó que, cuando estaban en la comisaría, un oficial había entrado apresuradamente diciendo que tenían una pista sobre el paradero de la banda. En ese momento, Jairo no había reaccionado, pero quizás, después de ver el cuerpo de Óscar, su inmenso dolor se había transformado en un odio implacable y una sed de venganza.
—Ya sé qué hacer —respondió Facundo antes de colgar abruptamente.
La ansiedad de Isabella crecía por segundos. Esa banda de monstruos seguramente tenía más víctimas que Óscar. Eran asesinos despiadados, y Jairo iba a enfrentarlos solo…
Un sudor frío le recorrió la espalda.
Inquieta, llamó de nuevo al oficial a cargo del caso.
El policía también se alarmó.
—Estaremos atentos a cualquier movimiento suyo.
Isabella estaba desesperada, pero en ese momento, lo único que podía hacer era esperar en el hotel.
La espera se prolongó hasta la noche, cuando Facundo llamó a Thiago y le pidió que llevara a Isabella a una dirección.
Seguro que tenían noticias de Jairo. Sin perder un segundo, ambos se dirigieron al lugar que Facundo les había enviado.
Era un pequeño pueblo cerca de la frontera. Cuando llegaron, la policía ya había rodeado una casa. Facundo y los demás estaban allí, caminando de un lado a otro en el patio, visiblemente ansiosos.
Isabella no veía a Jairo por ninguna parte y preguntó qué ocurría.
—Recibimos un soplo de que los asesinos se escondían en este pueblo. Cuando intentamos atraparlos, el líder de la banda logró escapar en medio del caos. El señor Crespo nos había seguido en secreto y, al ver que el cabecilla huía, lo persiguió y lo trajo hasta aquí.
—Entonces, ¿por qué no entran?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...