Jairo se quedó petrificado al escucharla.
Levantó la cabeza lentamente para mirarla. En sus ojos, antes llenos de resentimiento y una sombría furia, comenzó a asomarse un atisbo de luz.
Isabella se llevó una mano al vientre y se esforzó por sonreír.
—Tengo casi dos meses. Son gemelos.
Los ojos de Jairo brillaron un poco más.
—¿En serio?
A Isabella se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¿Crees que bromearía contigo sobre algo así?
Jairo soltó una risa ahogada y bajó la cabeza pesadamente. Entre los gritos y las súplicas del hombre bajo el cuchillo, finalmente aflojó la mano.
Isabella corrió a abrazarlo.
—Lo siento, entiendo cómo te sientes ahora, pero tenemos que entregarlo a la policía.
Pronto, la policía irrumpió en la habitación. Vieron que el hombre estaba herido, pero afortunadamente no eran heridas mortales, y respiraron aliviados. Primero detuvieron al criminal para llevarlo al hospital y le pidieron a Jairo que los acompañara a la comisaría.
Isabella, preocupada, quiso ir con ellos, pero Jairo no se lo permitió.
—Yo voy con él. Tú quédate tranquila en el hotel y espera —le indicó Facundo antes de irse con Jairo a la comisaría.
Isabella observó a Jairo alejarse y la inquietud que apenas había disipado volvió a apoderarse de ella.
—La muerte de Óscar es, sin duda, otro golpe devastador para Jairo. No sé cómo va a superarlo —dijo Ignacio con el rostro lleno de preocupación.
Thiago también suspiró.
—Han pasado veinte años desde la muerte de Lilia y todavía no lo ha superado. Y ahora, con los problemas mentales de Marcela, la reciente muerte de Iván y, para colmo, la de Óscar…
¿Qué tan fuerte tiene que ser una persona para soportar todo eso sin derrumbarse?
***

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...