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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 471

Jairo se quedó petrificado al escucharla.

Levantó la cabeza lentamente para mirarla. En sus ojos, antes llenos de resentimiento y una sombría furia, comenzó a asomarse un atisbo de luz.

Isabella se llevó una mano al vientre y se esforzó por sonreír.

—Tengo casi dos meses. Son gemelos.

Los ojos de Jairo brillaron un poco más.

—¿En serio?

A Isabella se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Crees que bromearía contigo sobre algo así?

Jairo soltó una risa ahogada y bajó la cabeza pesadamente. Entre los gritos y las súplicas del hombre bajo el cuchillo, finalmente aflojó la mano.

Isabella corrió a abrazarlo.

—Lo siento, entiendo cómo te sientes ahora, pero tenemos que entregarlo a la policía.

Pronto, la policía irrumpió en la habitación. Vieron que el hombre estaba herido, pero afortunadamente no eran heridas mortales, y respiraron aliviados. Primero detuvieron al criminal para llevarlo al hospital y le pidieron a Jairo que los acompañara a la comisaría.

Isabella, preocupada, quiso ir con ellos, pero Jairo no se lo permitió.

—Yo voy con él. Tú quédate tranquila en el hotel y espera —le indicó Facundo antes de irse con Jairo a la comisaría.

Isabella observó a Jairo alejarse y la inquietud que apenas había disipado volvió a apoderarse de ella.

—La muerte de Óscar es, sin duda, otro golpe devastador para Jairo. No sé cómo va a superarlo —dijo Ignacio con el rostro lleno de preocupación.

Thiago también suspiró.

—Han pasado veinte años desde la muerte de Lilia y todavía no lo ha superado. Y ahora, con los problemas mentales de Marcela, la reciente muerte de Iván y, para colmo, la de Óscar…

¿Qué tan fuerte tiene que ser una persona para soportar todo eso sin derrumbarse?

***

—No es necesario —respondió él.

—Jairo, está bien si quieres llorar.

Jairo rodeó los hombros de Isabella con un brazo y dijo con simpleza:

—No sirve de nada.

***

Los días siguientes transcurrieron con una calma sorprendente.

El estado mental de Marcela se estabilizó considerablemente e incluso aceptó recibir tratamiento en una clínica en el extranjero.

Después del último incidente, Leonardo se había vuelto notablemente más dócil y colaboraba diligentemente para que su sobrino asumiera el control total de la empresa sin contratiempos.

Isabella comenzó a tener náuseas matutinas, que de repente se volvieron muy intensas. Vomitaba todo lo que comía, incluso el agua. Sin embargo, como su constitución siempre había sido fuerte, aunque perdió mucho peso, seguía llena de energía.

Jairo cancelaba todos los compromisos que podía y volvía a casa temprano todos los días para estar con ella. Cuando no podía comer, la llevaba a probar todos los restaurantes de la ciudad. Si comía y vomitaba, la acompañaba a caminar para tomar aire fresco y asentar el estómago.

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