Después de darle unas instrucciones a Floriana, Isabella condujo de regreso a Nublario a toda prisa.
Llegó al hospital justo cuando empezaba a amanecer. Para su alivio, Luna ya se había despertado y el médico la había examinado. Le diagnosticaron una conmoción cerebral leve y le recomendaron quedarse en observación por unos días.
Isabella respiró un poco más tranquila y, tras sentarse junto a la cama, le dio una palmada en la mano a Luna.
—Luna, te has partido el lomo todos estos años.
La empresa era de las dos, pero Luna se había encargado de todo mientras ella se mantenía al margen. Se sentía bastante culpable, sobre todo después de lo que había pasado.
Luna le apretó la mano en respuesta.
—Hicimos un trato desde el principio: tú ponías el dinero y yo el trabajo. Además, aunque no has estado en la oficina, has participado en cada proyecto. Muchos de los diseños son tuyos. Sin ti, la empresa no estaría donde está hoy.
No había necesidad de decir esas cosas entre ellas, así que rápidamente cambiaron de tema y hablaron sobre Constructora Edifica.
—Últimamente me di cuenta de que estaban usando materiales de mala calidad a propósito en la obra. Hasta los tonos del piso, los azulejos y la pintura estaban mal. Para vigilarlos, iba a la obra todos los días. El encargado pensó que solo estaba buscando pretextos para molestarlos y retrasar el trabajo, así que esta mañana discutimos. Pensé que ahí quedaría la cosa, pero no me imaginé que se vengarían —dijo Luna con seriedad.
—En ese callejón no hay cámaras, ¿verdad?
—No, pero alcancé a voltear. Aunque no le vi bien la cara, sí le vi los ojos. Si a eso le sumas su complexión, estoy casi segura de que el que me atacó fue el encargado de compras, un tal Clemente.
Ya le había contado lo mismo a la policía, que para ese momento ya había ido a buscarlo.
—¿Constructora Edifica? ¿Por qué no había oído hablar de ellos antes?
—Es una empresa nueva.
Isabella enarcó una ceja.
—Entonces, ¿por qué trabajamos con ellos?
Tenían constructoras con las que colaboraban habitualmente y con las que la comunicación era fluida. No tenía sentido buscar una nueva.
—El cliente la especificó.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...