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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 481

Después de darle unas instrucciones a Floriana, Isabella condujo de regreso a Nublario a toda prisa.

Llegó al hospital justo cuando empezaba a amanecer. Para su alivio, Luna ya se había despertado y el médico la había examinado. Le diagnosticaron una conmoción cerebral leve y le recomendaron quedarse en observación por unos días.

Isabella respiró un poco más tranquila y, tras sentarse junto a la cama, le dio una palmada en la mano a Luna.

—Luna, te has partido el lomo todos estos años.

La empresa era de las dos, pero Luna se había encargado de todo mientras ella se mantenía al margen. Se sentía bastante culpable, sobre todo después de lo que había pasado.

Luna le apretó la mano en respuesta.

—Hicimos un trato desde el principio: tú ponías el dinero y yo el trabajo. Además, aunque no has estado en la oficina, has participado en cada proyecto. Muchos de los diseños son tuyos. Sin ti, la empresa no estaría donde está hoy.

No había necesidad de decir esas cosas entre ellas, así que rápidamente cambiaron de tema y hablaron sobre Constructora Edifica.

—Últimamente me di cuenta de que estaban usando materiales de mala calidad a propósito en la obra. Hasta los tonos del piso, los azulejos y la pintura estaban mal. Para vigilarlos, iba a la obra todos los días. El encargado pensó que solo estaba buscando pretextos para molestarlos y retrasar el trabajo, así que esta mañana discutimos. Pensé que ahí quedaría la cosa, pero no me imaginé que se vengarían —dijo Luna con seriedad.

—En ese callejón no hay cámaras, ¿verdad?

—No, pero alcancé a voltear. Aunque no le vi bien la cara, sí le vi los ojos. Si a eso le sumas su complexión, estoy casi segura de que el que me atacó fue el encargado de compras, un tal Clemente.

Ya le había contado lo mismo a la policía, que para ese momento ya había ido a buscarlo.

—¿Constructora Edifica? ¿Por qué no había oído hablar de ellos antes?

—Es una empresa nueva.

Isabella enarcó una ceja.

—Entonces, ¿por qué trabajamos con ellos?

Tenían constructoras con las que colaboraban habitualmente y con las que la comunicación era fluida. No tenía sentido buscar una nueva.

—El cliente la especificó.

—Bella, sé que tienes problemas con Grupo Méndez, pero pensé que no sabían de tu relación con nuestra empresa, así que… ¡Ay, no debí haberme arriesgado! —se lamentó Luna, arrepentida.

Isabella negó con la cabeza.

—Estando en Nublario, tarde o temprano nos íbamos a topar. Haya sido a propósito o no, parece que nos toca medir fuerzas.

Le dijo a Luna que descansara. Isabella pensaba ir primero a la oficina, pero en ese momento un alboroto en el pasillo rompió la tranquilidad del hospital.

—¡Que salga esa mujer! Lastimó a uno de los nuestros, ¿y ahora se hace la víctima en el hospital? ¡Qué descaro!

—¡Cree que puede pisotear a los trabajadores! ¡Que salga ahora mismo a disculparse con nuestro jefe!

—¡Quítense de en medio, no nos detengan!

Había un montón de gente afuera. Eran tantos que ni las enfermeras ni los guardias de seguridad podían contenerlos. Sara y los demás tampoco lo lograron, y la turba ya había llegado a la puerta de la habitación.

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