—¡¿De quién estás hablando?!
Víctor le aventó la prenda de regreso. Floriana, al ver que se atrevía a regresársela, se le fue encima tratando de metérsela en el pantalón.
—¡No manches, te estás pasando!
—¿Qué no te gustaba? ¡Póntela para que vea cómo se te ve!
—¡Lárgate! ¡Te dije que no tengo esos gustos!
—¿A quién quieres engañar? Seguro te encanta ponértela cuando estás solo.
—¡Que nunca me la he puesto, carajo!
Víctor, desesperado por no poder explicarse, terminó tumbando a Floriana en el sofá. Se le fue encima y, en un arrebato, bajó la cabeza y le mordió la barbilla.
—¡Ay! ¡Duele! —Floriana le dio una cachetada.
Víctor se encendió más.
—¡Te atreviste a pegarme!
Le pellizcó la cintura un par de veces. Floriana, entre el dolor y las cosquillas, trataba de esquivarlo, pero con los cuerpos tan pegados, la respiración de Víctor se agitó rápidamente.
—Ya, estate quieta.
Floriana también notó el cambio y trató de empujarlo.
—Suéltame.
Víctor, con los ojos inyectados de deseo, la miró fijamente.
—¿Lo estás haciendo a propósito?
—¡Yo no hice nada!
Víctor no pudo evitar acercarse más. Justo cuando iba a besar esos labios rojos, Floriana giró la cara. Él terminó hundiendo el rostro en su cuello, aspirando su aroma con fuerza, como si fuera una droga.
—¿Qué jabón usas? Hueles demasiado bien.
—Me estás aplastando.
—Sabes perfectamente las ganas que te traigo.
—¿Acaso soy igual que esas mujeres tuyas?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...