Víctor desapareció de repente. Bloqueaba a cualquiera que lo llamara, no volvió a casa y abandonó por completo la empresa. Sus familiares, entre cuidar a su esposa embarazada y atender el negocio, no aguantaron más y cayeron enfermos.
Sin otra opción, Jairo tuvo que regresar a Grupo Crespo para tomar el control.
Los directivos que antes se oponían a él, después del terror que vivieron bajo la gestión de Víctor, no solo no se quejaron, sino que casi lloran de alegría al verlo volver.
Por otro lado, Tecnología Crespo también estaba en un momento crítico. Isabella no tenía ni un respiro, trabajando hasta las once o doce de la noche varios días seguidos.
Hoy, que por fin podía salir un poco más temprano, había quedado con Jairo para cenar solos, dejando a los niños en casa.
Pero justo al salir, Isabella recibió una llamada de Jairo diciendo que había pasado algo con Julián y debía ir allá, pidiéndole que se fuera a casa sola.
—¿Pasó algo? ¿Qué sucedió?
—Se quiere tirar al río —dijo Jairo con profunda impotencia.
Isabella sintió la misma frustración al escuchar que el hermano de Begoña quería suicidarse. Ese chico, tras recibir el trasplante de corazón, había desarrollado una depresión severa. No hablaba con nadie y buscaba cualquier oportunidad para matarse.
No hacía falta que ellos lo culparan o buscaran venganza; él mismo se estaba destruyendo.
Isabella también fue al lugar. Estaban en el puente que cruzaba la bahía. Julián ya estaba colgado de la barandilla, sin miedo en el rostro, pero con mucha rabia, mirando fijamente a Jairo que acababa de llegar.
—¡Ellos mataron a tu hermano! ¡Yo no quería el corazón de tu hermano, yo también soy una víctima! ¿Por qué me odias a mí? ¡Deberías odiarlos a ellos, vengarte de ellos!
Le gritaba a Jairo, sintiéndose muy agraviado. Jairo solo lo miraba fríamente, pero esa mirada fue insoportable para Julián, quien se alteró aún más.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...