—¡Aléjense de mi hermano!
Begoña empujó a Isabella y se puso frente a Julián como un escudo.
Miró con odio a Jairo, como si él fuera el culpable de su desgracia.
—¡Mi papá está muerto! ¡Aunque nos pregunten mil veces, diremos lo mismo, así que pierdan las esperanzas! —diciendo esto, Begoña agarró a Julián para irse.
Julián no quería volver bajo el control de Begoña e intentó soltarse de su mano.
—¿Te quieres morir a fuerza, verdad? ¡Está bien, te acompaño! ¡De todas formas eres el único pariente que me queda, vivir así no tiene sentido! —Begoña arrastró a Julián hacia la barandilla del puente.
Julián frenó a Begoña, rompiendo en llanto. —Hermana, no, por favor. Me equivoqué, no debí intentar matarme, de verdad me equivoqué. No hagas esto, no puedo soportarlo.
Begoña también lloró y abrazó a su hermano. —Todo va a estar bien, confía en mí, todo va a mejorar.
—Te creo…
—¡Vámonos de Nublario!
—Sí…
—¡Buscaremos un lugar para vivir tranquilos!
—Sí…
Begoña sonrió con alivio, pero al instante siguiente, Julián comenzó a convulsionar en sus brazos. Cayó al suelo, gritando de dolor.
—¡Julián! ¡Julián! ¿Qué tienes? —Begoña entró en pánico.
Isabella y Jairo también se asustaron, pero Jairo reaccionó primero y llamó a una ambulancia.
Julián aulló de dolor un buen rato hasta que se desmayó.
Lo llevaron de urgencia al hospital. Esta vez la situación era más grave que la anterior. Aunque lograron estabilizarlo y sacarlo del peligro inmediato, su corazón sufría una insuficiencia severa. Solo un nuevo trasplante podría salvarlo.
—Lo haremos, lo haremos. ¡Tienen que salvar a mi hermano si hay una mínima oportunidad! —suplicó Begoña agarrando al médico.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...