Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 846

Begoña recibió un puñetazo brutal que la hizo estrellarse contra la pared del pasillo. En sus ojos brilló una luz de locura; en ese instante, su retorcida lógica le pareció brillante.

—Así es, le sacamos el corazón a tu hermano. Si operamos a mi hermano, podremos devolvérselo y entonces... ¡entonces estaremos a mano! ¡No nos deberemos nada!

Esta vez, Isabella no esperó a que Jairo reaccionara. Se abalanzó sobre Begoña y le propinó varias cachetadas con todas sus fuerzas.

—¡Óscar está muerto! ¡Murió! Si quieres que estemos a mano, ¡devuélvenos su vida!

Begoña no luchó, no se resistió ni intentó esquivar los golpes. Dejó que Isabella la golpeara, y en la comisura de sus labios se dibujó una sonrisa escalofriante.

—Pégame. Pueden matarme a golpes si quieren, una vida por otra. Pero aunque me maten, ¡tienen que salvar a mi hermano!

Estaba completamente desquiciada.

Loca de remate.

***

Durante los días siguientes, Julián permaneció en el hospital recibiendo tratamiento.

Isabella no volvió a visitarlo hasta que terminó esa fase de la terapia. En la habitación solo estaba él, recostado en la cama, con la mirada fija en la ventana, totalmente absorto.

El médico había dicho que, en su estado, si no se realizaba un trasplante, aguantaría a lo mucho un mes más.

—¿Qué miras? —preguntó Isabella.

—Pájaros.

Isabella inclinó la cabeza para mirar hacia afuera, pero no se veía ningún pájaro.

—Acaba de pasar uno volando.

—¿Y cuántos has visto en total?

—Tres.

—¿Los envidias?

—Ojalá yo también pudiera salir volando.

—¿Salir de dónde?

—De este cuerpo.

—¿Por qué quieres escapar de ese cuerpo?

—Porque siempre me duele.

—Él tenía una vitrina llena de modelos de autos. Dos tercios de la mesada que le daba su hermano se le iban en estas cosas. Una vez, para comprarse un modelo que le encantaba, estuvo comiendo sopas instantáneas durante tres semanas seguidas. Cuando su hermano se enteró, le puso una regañiza. Después, para evitar que siguiera malpasándose para comprar juguetes, su hermano le dijo que si se aplicaba en la escuela, por cada punto que subiera en sus calificaciones, le compraría el que él quisiera.

—Seguro que se puso a estudiar mucho, subir un punto no es difícil.

—Sin embargo, en el siguiente examen bajó diez puntos.

—¿Ah? ¿Cómo fue eso?

—Ese niño se esforzaba bastante en la prepa, pero cuando entró a la universidad se tiró a la hamaca. Según él, con que su hermano se esforzara era suficiente; él nunca sufriría por dinero, así que, ¿para qué amargarse la vida?

Julián sonrió levemente.

—Se ve que se llevaban muy bien.

—Se podría decir que su hermano fue quien lo crio.

—¿No tenía papás?

—Nadie sabe quién era su padre, y su madre no lo quería.

La sonrisa de Julián se desvaneció. Miró a Isabella con duda; quizá le costaba creer que existiera una madre que no amara a su propio hijo.

—¿Sabes por qué fue engañado tan fácilmente?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido