Begoña recibió un puñetazo brutal que la hizo estrellarse contra la pared del pasillo. En sus ojos brilló una luz de locura; en ese instante, su retorcida lógica le pareció brillante.
—Así es, le sacamos el corazón a tu hermano. Si operamos a mi hermano, podremos devolvérselo y entonces... ¡entonces estaremos a mano! ¡No nos deberemos nada!
Esta vez, Isabella no esperó a que Jairo reaccionara. Se abalanzó sobre Begoña y le propinó varias cachetadas con todas sus fuerzas.
—¡Óscar está muerto! ¡Murió! Si quieres que estemos a mano, ¡devuélvenos su vida!
Begoña no luchó, no se resistió ni intentó esquivar los golpes. Dejó que Isabella la golpeara, y en la comisura de sus labios se dibujó una sonrisa escalofriante.
—Pégame. Pueden matarme a golpes si quieren, una vida por otra. Pero aunque me maten, ¡tienen que salvar a mi hermano!
Estaba completamente desquiciada.
Loca de remate.
***
Durante los días siguientes, Julián permaneció en el hospital recibiendo tratamiento.
Isabella no volvió a visitarlo hasta que terminó esa fase de la terapia. En la habitación solo estaba él, recostado en la cama, con la mirada fija en la ventana, totalmente absorto.
El médico había dicho que, en su estado, si no se realizaba un trasplante, aguantaría a lo mucho un mes más.
—¿Qué miras? —preguntó Isabella.
—Pájaros.
Isabella inclinó la cabeza para mirar hacia afuera, pero no se veía ningún pájaro.
—Acaba de pasar uno volando.
—¿Y cuántos has visto en total?
—Tres.
—¿Los envidias?
—Ojalá yo también pudiera salir volando.
—¿Salir de dónde?
—De este cuerpo.
—¿Por qué quieres escapar de ese cuerpo?
—Porque siempre me duele.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...