Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 854

Tal como Víctor había dicho, tenía ganas de ella desde hacía mucho tiempo, y una vez que probó bocado, no iba a satisfacerse con una o dos veces.

Pero aunque no estuviera satisfecho, tenía que aguantarse; Carlota volvió a tocar la puerta.

Media hora después, la familia de tres ya estaba en el coche.

Carlota hizo un puchero, fulminó a Floriana con la mirada y luego hizo lo mismo con Víctor.

—¡Se la pasaron durmiendo la siesta toda la tarde! ¡Nadie jugó conmigo! Les hablé y se tardaron años, ¡se tardaron un montón en vestirse para salir!

Floriana tosió con disimulo y abrazó a Carlota para disculparse.

La niña era fácil de contentar; en cuanto su mamá le dijo que irían al centro comercial a comprarle un juguete, se puso feliz de inmediato.

Víctor miró por el espejo retrovisor a madre e hija sentadas atrás. No sabía desde cuándo, pero de repente sentía que tenía un hogar. Él era parte de esa familia, una parte muy importante.

De camino al restaurante, Martina llamó a Floriana.

Al enterarse de que Víctor ya había vuelto a casa, Martina le pidió a Floriana que le pasara el teléfono.

—¡Cabrón, ya estás grandecito para andar jugando a las escondidas! Creí que te habías tirado al mar o que te habías muerto en algún cerro olvidado. ¡Ya hasta estaba planeando ponerte tu altar de muertos y rezarte, y resulta que regresas vivo, desgraciado!

»¿Quién fue el que dijo hace unos días que ya era un hombre de familia y hablaba de responsabilidad? Sonaba muy bonito, ¡hasta me la creí, pendeja de mí! Eres una basura, ni para abono sirves. ¡Mejor regrésate a la coladera de donde saliste!

Víctor se rio al escuchar a Martina insultarlo.

—¿Me estás insultando a mí o te estás insultando a ti misma de paso?

—¡Claro que me insulto a mí misma por haberme preocupado por ti!

—Está bien, agradezco tu preocupación. Vamos a ir a cenar, ¿vienes?

Víctor sonrió.

—Tranquila, no tengo absolutamente ninguna intención con ella.

Cuando llegaron fuera de la unidad habitacional de Martina, ella ya los estaba esperando. Se negó a ir en el asiento del copiloto, así que se apretujó en el asiento trasero con Floriana y su hija.

Carlota mostró un gran interés por su atuendo: chamarra de cuero con vestido de flores, un peinado afro que deslumbraba y un montón de colguijes brillantes en las orejas, los labios y el cuello.

—Señorita, ¿eso que trae es una pijama? ¡Guau, su cabello hace que su cabeza se vea enorme, parece un oso de peluche! ¿No le duele tener clavos en los labios? ¿No le duele cuando come?

Martina, que solía ser un desastre y le valía todo, se sintió un poco cohibida ante la inocencia de Carlota.

—No sé si es pijama, me costó diez pesos en el tianguis. El pelo me lo acabo de teñir y enchinar, sí está medio exagerado, a mí tampoco me encanta. Y lo del labio... la verdad sí duele, así que tú nunca te hagas uno.

—¡Pero señorita, se ve muy bonita!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido