Jairo levantó la barda otra vez. Estaba muy seguro de lo resistente que había quedado, pero aun así, se quedó haciendo guardia en el patio hasta tarde. Solo entonces regresó a la casa, sintiéndose más tranquilo.
Sin embargo, justo cuando estaban a punto de ponerse cariñosos, alguien tocó la puerta principal.
Jairo no aguantó y soltó una maldición. Isabella le dio un beso rápido para bajarle el coraje y fue a abrir. Para su sorpresa, la persona que estaba afuera era Jana, la dueña del terreno, quien se frotaba las manos con evidente nerviosismo.
—Bella, tengo que hablar contigo, ábreme rápido, por favor.
A Isabella se le torció la boca en una sonrisa sin gracia. Al parecer, a esa señora ya se le había olvidado todo lo que hizo en los últimos días. De no ser porque ellos habían tenido mucha paciencia, probablemente ya hubieran llegado a los golpes.
Aun así, al verla tan desesperada y considerando que ya era muy tarde, Isabella le abrió.
Jana entró apresurada, tomando a Isabella del brazo para llevarla adentro y platicar.
—Ya sabes que Aarón trajo a su novia, ¿verdad?
Isabella se quedó parada con los brazos cruzados; ya se imaginaba por dónde iba el asunto.
—Su visita fue de imprevisto. Aarón creía que ustedes seguían en Nublario y no me avisó con tiempo, ¡y pues... nos topamos con ustedes! —Hizo un gesto de preocupación y continuó—: Al principio nos dio mucha alegría cuando Aarón nos contó que tenía una novia de la ciudad. Pero luego nos dijo que la muchacha exigía una casa en la ciudad para casarse y nosotros de plano no podemos pagarla. Así que le propusimos que primero la trajera para acá y ya después hablaríamos bien con ella.
»La verdad, nosotros no teníamos intenciones de usar su casa. El problema fue que, en cuanto la muchacha entró al pueblo, le encantó la casa de ustedes. Como Aarón no se supo explicar bien, ella dio por hecho que era nuestra.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...