El recién llegado era el hijo de la dueña del terreno, Isabella lo conocía. Así que esa muchacha debía ser la novia de la ciudad que él había conseguido.
Al recordar que los vecinos le habían advertido que la familia Benítez, para asegurar a la novia, le había dicho que la casa era de ellos, se dio cuenta de que todo era cierto.
Aarón Benítez no paraba de hacerle señas a Isabella, incluso juntó las manos en gesto de súplica.
Isabella suspiró, decidió no decir nada y regresó a la cocina.
—Oye, le estoy hablando, ¿por qué me ignora? —preguntó la muchacha a Aarón, bastante extrañada.
—Ella... ella es así.
—¿Y quién es? ¿Qué hace en tu casa?
—Es una prima lejana.
—Ah, es pariente. ¿Pero vive aquí?
—Eh... sí, se va a quedar unos días.
La chica frunció el ceño.
—Qué coraje, una casa tan bonita y nosotros ni siquiera la hemos estrenado, pero ya dejaste que tu familia se instale.
Se notaba bastante molesta.
—Solo serán unos días, no van a desordenar nada.
—Quiero entrar a ver.
—Mi mamá ya hizo de comer. Vamos a almorzar primero y al rato regresamos a verla, ¿te parece?
La joven lo pensó un momento y asintió.
—Regresamos más tarde. Y dile que vaya recogiendo sus cosas, porque pienso dormir aquí esta noche.
—¿Ah?
—¿No se puede?
—Sí, sí, claro que se puede.
Aarón no tuvo más remedio que aceptar y apresuró a su novia para ir a su casa. Sin embargo, justo en la puerta, se toparon con Samuel, que venía cansado de jugar.
La joven de inmediato le gritó al niño:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...